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Oct 20, 2018 2254 Bryan Thatcher
Encuentro

UN MILAGRO DE LA DIVINA MISERICORDIA

Me qued? all? observando mientras miles de personas de todas las clases caminaban por el atrio entrando y saliendo de aquel majestuoso Santuario; pero lo que m?s llam? mi atenci?n fueron los pobres- que no eran pocos- vestidos con ropas muy humildes y sencillas, todos acompa?ados por ni?os; se les ve?a por todas partes visitando a Nuestra Se?ora, comiendo tacos y sobre todo?.sonriendo, sonriendo como ni?os. ??Por qu? est?n tan contentos?? me pregunt?.

Hab?a llegado a la Ciudad de M?xico en 1991 para asistir a una conferencia m?dica y me hab?a dado el tiempo para ir a visitar el Santuario de Nuestra Se?ora de Guadalupe. La imagen de nuestra bendita Madre que se imprimi? en la tilma de un indio hecha con fibras de maguey hace 500 a?os es verdaderamente impresionante. Pero lo que m?s cautiv? mi atenci?n Por Dr. Bryan Thatcher fue todo ese gent?o dentro y fuera de la Bas?lica. No pod?a comprender c?mo yo, un m?dico exitoso con una prestigiosa pr?ctica m?dica en Florida, EUA, encontraba la felicidad tan evasiva mientras que aquella gente pobre la irradiaba en el rostro.

Lo ten?a todo y, sin embargo, no ten?a nada. A pesar del dinero, del nivel social, de las posesiones materiales y una hermosa familia, no encontraba satisfacci?n personal. El hecho de tener una hermosa esposa, tres hijos, y ser cat?lico de nacimiento, deber?a haber constituido el comp?s de mi vida; sin embargo, en ese momento me encontraba en un camino que me llevaba directo al desastre. Atrapado en un estilo de vida de mujeres, materialismo y trabajo extremo, me estaba hundiendo r?pidamente. Hay un refr?n que dice: ?Tu pecado te encontrar? tarde o temprano? y, gracias a Dios, el m?o me alcanz?, porque si bien en ese momento no pod?a ver con tanta claridad, el hecho de verme confrontado con mis asuntos, hizo que los ?ltimos trozos de mi vida comenzaran a desenrollarse, y ahora que lo recuerdo me doy cuenta que no estaba pensando de una forma correcta. Mi vida tan torcida ten?a que desenredarse ante mis ojos antes de que pudiera volver a caminar y andar derecho con mi familia y con Dios.

TOCANDO FONDO

Cuando toqu? fondo me sent?a ansioso y deprimido, y me preguntaba c?mo podr?a jam?s reconstruir mi vida con quien yo era. ?C?mo podr?amos Susan y yo comenzar a construir una nueva relaci?n con los escombros de mi pasado? Fue durante ese tiempo que un amigo me mand? los mensajes y la devoci?n a La Divina Misericordia, y uno de los folletos explicaba que Santa Faustina Kowalska, una monja polaca (canonizada en el 2000 como la primer Santa del Tercer Milenio), hab?a escrito un diario en el que registraba sus experiencias m?sticas ?en particular el deseo de Jesucristo de que el mundo aceptara su insondable misericordia.

Cuando le? el pasaje donde Jes?s dice: ?Mientras mayor sea el pecador, m?s derecho tiene a Mi misericordia? (Diario de Sta. Faustina, 723), mi alma se llen? de gran remordimiento y gratitud al mismo tiempo. L?grimas de tristeza brotaron de mis ojos como un r?o como si estuviera desechando la pus de las heridas de pecado. Le? aquellas palabras una y otra vez, y me di cuenta de que en lo m?s oscuro del pecado hab?a ayuda, incluso para m?.

La Divina Misericordia de Jesucristo se convirti? en un salvavidas que me mantuvo a flote evitando que me hundiera en un mar de miseria. M?s tarde, en ese mismo a?o de 1992, Susan y yo asistimos a unas pl?ticas matrimoniales y poco a poco, con la gracia de Dios, comenzamos a construir un matrimonio s?lido. Ambos nos unimos al Ministerio de La Divina Misericordia donde tuvimos oportunidad de compartir nuestra propia historia y difundir el mensaje de La Divina Misericordia a muchas personas, as? como la verdadera Presencia de Jes?s en la Santa Eucarist?a.

Al principio balanceaba mi pr?ctica m?dica con mi voluntariado en el Ministerio, pero despu?s de cinco a?os sent? el fuerte llamado de dejar la medicina. Llor? el d?a que escrib? al Consejo M?dico renunciando a mi licencia y mi pr?ctica m?dica, pero en mi coraz?n cre?a rotundamente que Dios me estaba llamando a salirme de un ministerio de sanaci?n para entrar en otro, del f?sico al espiritual.

Si bien es cierto que mi renuncia significaba hacer grandes cambios en nuestro estilo de vida, Susan y yo decidimos que podr?amos subsistir con nuestros ahorros. Siendo un camino totalmente nuevo en nuestra vida, sab?amos que ten?amos que confiar plenamente en Dios.

CONFIANDO EN LA MISERICORDIA DE DIOS

El 9 de Septiembre de 1995 naci? el fruto de un matrimonio ya sanado: Juan Pablo. Desde el principio fue especial, pues naci? luchando con la vida: se puso azul por no poder respirar. Oramos intensamente y Juan Pablo pronto se estabiliz? recuper?ndose por completo. Estando en la habitaci?n del hospital un amigo que distribu?a la Santa Comuni?n entr? y exclam?: ??Wow! ?qu? pas?? Puedo sentir la presencia de Dios.?

Comprend? en mi coraz?n c?mo Dios realmente nos hab?a bendecido. Mis tres hijos mayores, Andrea de trece a?os, Bryan de once y Patricia de ocho, no siempre comprendieron totalmente el cambio radical de ser hijos de un doctor renombrado, a ser los hijos de alguien dedicado a una vida sencilla de servicio a Dios; sin embargo, con toda seguridad se beneficiaron de nuestro matrimonio renovado y de mi compromiso paternal como la vocaci?n santa que es.

Catorce meses despu?s, a principios de Noviembre, regresaba a casa despu?s de haber asistido a una conferencia en la ma?ana. Esa noche se celebrar?a una Misa en la casa, y pese a que hab?a dormido muy poco, me despert? temprano para arreglar algunas cosas afuera de la casa. Sal? al patio trasero, abr? la reja que da a la alberca y me dirig? hacia el jard?n. El peque?o Bryan de pronto me grit? desde la entrada para que lo ayudara a prender la podadora. Despu?s de ayudarlo me acord? que era hora de llevar a Andrea a su pr?ctica de nataci?n. Subimos al auto con Patricia y salimos apresurados.

Cuando ?bamos de camino, recib? una llamado en mi celular de Bryan: ?Pap?? dijo con voz entrecortada, ?Juan Pablo est? muerto. Alguien dej? abierta la reja de la alberca.? Susan hab?a encontrado a Juan Pablo sin vida; no respiraba y no se le sent?an latidos en el coraz?n, pero como Susan es enfermera, ya le estaba dando RCP (reanimaci?n cardiopulmonar) de boca a boca en un esfuerzo por bombear el coraz?n del peque?o cuerpo de Juan Pablo que apenas ten?a 14 meses y que respirara.

Les dije a las ni?as lo que hab?a pasado, rezamos un Ave Mar?a y nos encaminamos de regreso a casa entre l?grimas y oraciones silenciosas. ?Jes?s, ten misericordia de Juan Pablo y de m?,? gritaba mi coraz?n desde el fondo. La culpa me rebasaba mientras imaginaba a mi peque?o hijo indefenso ahog?ndose en el fondo de la alberca, todo porque yo hab?a dejado la reja abierta. Juan Pablo formaba parte de mi sanaci?n, un hijo de la promesa para Susan y para m?. ?Jes?s ?por qu? nos lo habr?as de quitar ahora?? lloraba con todo el coraz?n.

Est?bamos en un alto y yo me sent?a desesperado, cuando de pronto se me vino a la cabeza la historia b?blica del G?nesis cuando a Abraham se le pide ofrecerle a Dios a su hijo Isaac. ?Dios, ?me est?s pidiendo a mi hijo?? pregunt? mientras mi coraz?n se romp?a en pedazos. Era el momento de la verdad para m?: llevaba 4 a?os predicando confianza en La Divina Misericordia de Dios y aqu? me ?topaba con el gran desaf?o?: Dios me estaba pidiendo que confiara profundamente en ?l. Quer?a que mi peque?o viviera; lo amaba con todo mi coraz?n. ?Podr?a aceptar la voluntad de Dios si eso significaba nunca volver a abrazar a Juan Pablo en esta vida?

?Jes?s,? dije orando en silencio, ?conf?o en ti en todas las situaciones. Me someto a tu voluntad sea cual sea.? Y aunque no entend?a por qu? Dios se llevar?a a mi hijo en ese momento, se lo ofrec? de vuelta y le agradec? el tiempo que nos hab?a permitido estar con ?l. Le dije a Jes?s que pon?a en ?l toda mi confianza y que yo s?lo quer?a que se hiciera su voluntad.

Todo esto me hizo reflexionar en la fe tan profunda que debi? haber tenido Abraham cuando se le pidi? que sacrificara a su hijo Isaac. Despu?s de mi ofrecimiento, me vino una gran paz.

Cuando llegamos a la casa estaba tambi?n estaba llegando el equipo de emergencias. Juan Pablo estaba abotagado y sin respuesta, pero Susan le hab?a sentido un ligero pulso despu?s de haberle aplicado la RCP. ?Yo estaba est?tico! ?A?n hab?a esperanza!

Llegando al hospital le llam? a mi hermana que vive en otra ciudad pidi?ndole oraciones por Juan Pablo en su grupo de oraci?n que se reun?a esa noche. Durante las siguientes 36 horas la claridad mental de Juan Pablo comenz? a mejorar a cada hora y a los dos d?as fue dado de alta totalmente normal.

Un par de semanas despu?s, durante la celebraci?n familiar del D?a de Gracias, vi a mi hermana que me dijo: ?Nunca te cont? esta historia, pero a la ma?ana siguiente de que se reuni? nuestro grupo de oraci?n, una amiga m?a, Irma, me llam? para decirme que sab?a que Juan Pablo se iba a recuperar pues esa ma?ana mientras oraba hab?a tenido una visi?n de Abraham ofreci?ndole a Dios a su hijo Isaac, y a Jes?s, La Divina Misericordia, en medio de la escena regres?ndole a Abraham a su hijo.? De inmediato las l?grimas escurrieron por mis mejillas, y le contest?: ?bueno, d?jame decirte el resto de la historia??

Me siento feliz de decirles que Juan Pablo, nuestro hijo de la promesa, es ahora un saludable joven de 18 a?os. Y el resto de la historia es que verdaderamente jam?s he vuelto a ser el mismo desde aquella lecci?n de confianza en Jes?s. De hecho, ?La Divina Misericordia como forma de vida? se suma a la misi?n de los Ap?stoles Eucar?sticos de la Divina Misericordia (EADM por sus siglas en ingl?s), que es un ministerio laico de ayuda que fund? en 1996, el mismo a?o que casi perd? a mi hijo.

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Bryan Thatcher

Bryan Thatcher Extracto de Amazing Grace for the Catholic Heart (Incre?ble gracia para el coraz?n cat?lico) escrita por Jeff Cavins, Matthew Pinto y Patti Armstrong. Reimpreso con licencia. Para mayor informaci?n sobre EADM, visita www.TheDivineMercy.org/EADM.

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