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Sep 02, 2021 307 Shalom Tidings
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Reflexiones santas : «Una vez sacerdote, siempre sacerdote»

Un sacerdote estaba de visita en Roma y ten?a una cita para reunirse con el Papa Juan Pablo II en una audiencia privada. En su camino, visit? una de las muchas bas?licas encantadoras. Como de costumbre, los escalones estaban repletos de mendigos, pero uno de ellos capt? su inter?s. «Te conozco. ?No fuimos juntos al seminario?» El mendigo asinti? con la cabeza. «Entonces te hiciste cura, ?no?», le pregunt? el sacerdote. «?Ya no! Por favor, d?jeme en paz», respondi? el mendigo enojado. Consciente de la proximidad de su cita con el Santo Padre, el sacerdote se march? prometiendo: «Rezar? por ti», pero el mendigo se burl?: «De nada servir? eso».

Por lo general, las audiencias privadas con el Papa son muy breves: se intercambian unas pocas palabras mientras ?l otorga su bendici?n y un rosario bendecido. When the priest?s turn came, the encounter with the beggar-priest was still playing on his mind, so he implored His Holiness to pray for his friend, then shared the whole story. The Pope was intrigued and concerned, asking for more details and promising to pray for him. Not only that, he and his beggar-friend received an invitation to dine alone with Pope John Paul II. After dinner, the Holy Father spoke privately with the beggar.

Cuando lleg? el turno del sacerdote, el encuentro con el mendigo-sacerdote segu?a en su mente, as? que implor? a Su Santidad que rezara por su amigo, y luego comparti? toda la historia. El Papa, intrigado y preocupado, pidi? m?s detalles y prometi? rezar por ?l. No s?lo eso, ?l y su amigo mendigo recibieron una invitaci?n para cenar a solas con el Papa Juan Pablo II. Despu?s de la cena, el Santo Padre habl? en privado con el mendigo.

El mendigo sali? de la habitaci?n llorando. «?Qu? ha pasado ah? dentro?», pregunt? el sacerdote. La respuesta m?s notable e inesperada lleg?. «El Papa me pidi? que escuchara su confesi?n», se atragant? el mendigo. Despu?s de recuperar la compostura, continu?: «Le dije: ‘Su Santidad, m?reme. Soy un mendigo, no un sacerdote'».

«El Papa me mir? con ternura, diciendo: ‘Hijo m?o, una vez sacerdote siempre sacerdote, y qui?n de nosotros no es un mendigo. Yo tambi?n me presento ante el Se?or como un mendigo pidiendo el perd?n de mis pecados'». Hac?a tanto tiempo que no escuchaba una confesi?n que el Papa tuvo que ayudarle con las palabras de la absoluci?n. El sacerdote coment?: «Pero si estuviste mucho tiempo ah? dentro. Seguro que el del Papa no tard? tanto en confesar sus pecados».

«No», dijo el mendigo, «pero despu?s de escuchar su confesi?n, le ped? que escuchara la m?a». Antes de partir, el Papa Juan Pablo II invit? a este hijo pr?digo a asumir una nueva misi?n: ir a atender a los indigentes y a los mendigos en los escalones de la misma iglesia donde hab?a estado mendigando.

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