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Ago 06, 2019 660 Reshma Thomas
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MIS OJOS EST?N PUESTOS EN TI

En una hermosa tarde en la cl?nica pedi?trica, de vez en cuando entraban peque?os angelitos como si fuera un desfile. Sus sonrisas inocentes y las miradas de admiraci?n de sus padres, se a?ad?an al gozo que se viv?a all?. Mi peque?o hijo de siete meses no se cans? de evocar sonrisas que entreten?an perfectamente hasta aquellos hombres bigotudos. Por todas partes mis ojos se encontraban con sonrisas, incluyendo las de totales desconocidos. Sin embargo, detr?s de la sonrisa que le dedicaba a mi peque?o hijo sentado en mi regazo, desfilaron por mi mente im?genes de cuando hab?a entrado a esa misma cl?nica con mi hija unos a?os atr?s.

Un aire de cambio

Todav?a recuerdo que durante mi boda, le hab?a pedido a Dios con todo mi coraz?n que nos permitiera tener hijos, y que nos diera la gracia de criarlos en santidad y poder hacer de ellos ?grandes santos! Nuestra dicha no conoci? l?mites cuando supimos que estaba embarazada, pero no tard? mucho en sentir algo extra?o de que algo andaba mal. Mi peor pesadilla ocurri? como a las 27 semanas de embarazo, porque no sent?a ning?n movimiento del beb?. De inmediato fuimos al hospital y descubrimos que los latidos de su coraz?n estaban disminuyendo. En ese momento se orden? proceder a una ces?rea de emergencia, y nuestra prematura beb? fue puesta en una incubadora en donde luchaba por su vida. Tuve que ver a mi peque??sima hija cubierta por los cuatro costados con c?nulas, y c?mo le insertaban por cat?ter cantidad de agujas para inyectarle medicinas o sacarle sangre cada hora. Cuando lloraba de dolor mi coraz?n se encog?a, pero yo confiaba en Dios. Sab?a que nada sucede sin su conocimiento, y que mi peque?ita estaba a salvo en Su Coraz?n misericordioso. Al cabo de 45 d?as en la Unidad de Cuidados Intensivos para Reci?n Nacidos, finalmente sucedi? el milagro de tener a nuestra beb? en los brazos. Pens? que la tranquilidad regresaba a nuestra vida.

Zarandeados por las olas

Gradualmente, d?a con d?a, nuestra hija se iba fortaleciendo hasta que al cumplir los tres meses, los doctores le diagnosticaron microcefalia, una anomal?a que consiste en un desarrollo insuficiente del cr?neo causada por un da?o cerebral. Conforme nos fueron dando los reportes, comprendimos que nuestra hija sufr?a de un da?o cerebral severo que conduc?a a la par?lisis cerebral y discapacidad intelectual. Despu?s de haber dado a luz, fue cuando supimos que era un problema cong?nito con mi ?tero que era bicorne, es decir, un ?tero deforme en forma de coraz?n. En las palabras del doctor: ?El ?tero est? compartimentalizado en dos secciones, y no hab?a espacio para que el beb? creciera; por eso fue la emergencia. Lo peor de todo, es que tus pr?ximos beb?s tendr?n que extraerse alrededor de los siete meses de embarazo y colocados en incubadora en la Unidad de Cuidados Intensivos para Reci?n Nacidos.? El s?lo hecho de imaginar que todo ese tiempo el beb? hab?a estado luchando en mi vientre y que, peor tantito, por un defecto m?o se hab?a visto en tal calvario, me caus? una angustia estrujante. Fue el periodo m?s oscuro de mi vida, y comenc? a culparme de su condici?n. Mi coraz?n se romp?a a pedazos cada vez que la ve?a tener extra?as convulsiones epil?pticas. En tales condiciones no resultaba nada f?cil esperar en la cl?nica pedi?trica donde los peque?os ni?os brincaban por todos lados llenos de gozo, mientras mi peque?a hija s?lo estaba tendida en mis piernas con la mirada ausente y fija en las paredes; ella no me ve?a ni sonre?a. Aquellos felices padres miraban con curiosidad a mi peque?a ni?a, y algunos incluso me hicieron algunas preguntas. Cansada de estar esperando mi turno, me sent? aliviada cuando decid? regresar a casa.

La tormenta en todo su apogeo

Hasta entonces pens? que jam?s tendr?a que confesar mis recelos, pero ahora, s?lo de ver a un peque?o pajarillo brincando de aqu? para all? mi mente solloza pensando que hasta un peque?o p?jaro con un cerebro tan peque?o puede brincar y volar, pero mi beb? no puede hacer nada.

Sin embargo, con el tiempo la gracia de Dios me permiti? apreciar su creaci?n, agradecerle siempre por la perfecci?n que me rodeaba y que pod?a ver, y a no quejarme por lo que le faltaba a mi hija. Para ese entonces, hab?a concebido tres veces, pero hab?a abortado cada una. Por ese entonces tambi?n me diagnosticaron poliquistosis ov?rica, un trastorno que implicaba que no? me ser?a f?cil volver a concebir. Comenc? a odiar mi cuerpo y a m? misma. Esta es mi culpa. Si tan s?lo hubiese nacido con un ?tero normal, hubiera tenido embarazos normales e hijos normales y sanos; mi
coraz?n anhelaba lo imposible.
Ten?a un peque?o libro para rezar el Rosario cuya portada ten?a una imagen de la Sant?sima Virgen Mar?a con el ni?o Jes?s mir?ndola amorosamente, y la Santa Madre le correspond?a al Hijo con una mirada de amor indescriptible. Jam?s me quej? con Jes?s, pero ante su Madre derram? mi coraz?n, incluso tom?ndome la libertad de decirle: ?T? tuviste a tu beb? Jes?s que te miraba, te sonre?a y hac?a todo lo que un beb? normal hace. ?C?mo entonces Madre, podr?as comprender mi s?plica?? ?He aqu? que no se ha acortado la mano de Jehov? para salvar, ni se ha agravado su o?do para o?r? (Isa?as 59,1)

Oraci?n del coraz?n
Muchos me suger?an rezar pidiendo un milagro, y me pon?an en la mano una estampa o un Rosario, y yo s?lo atinaba a llorar en presencia del Se?or, y si rezaba el Rosario en voz alta, aquello se convert?a en un largo lamento de dolor, pero jam?s me quej? con Dios; todo lo dejaba en sus manos. Claro que eso nunca fue f?cil porque casi siempre me sent?a muy agobiada. Cuando ped?a en la oraci?n una sanaci?n milagrosa sent?a una profunda tristeza, no porque mi fe estuviera menguando, sino por pensar que le estaba pidiendo a Dios corregir el regalo que nos hab?a enviado, porque nuestra hija era ciertamente el regalo m?s valioso de Dios. Entonces no sab?a por qu? motivo rezar. Sentada ante Jes?s expuesto en la Santa Eucarist?a, lo miraba fijamente y pensaba, ??En verdad sabes por lo que estoy pasando? ?Realmente puedes verme aqu?, Jes?s??

Una vez una amiga me dijo con mucha firmeza: ?Nuestro Dios no est? sentado en su trono en alg?n lugar del Cielo, desde donde casualmente te mira desde arriba y exclama, ??Oh, no sab?a que te pasar?a esto!? ?No! Los ojos de Dios siempre est?n sobre ti. ?l no se equivoca o comete errores de c?lculo. Todo lo sabe.? Aquellas palabras realmente me ayudaron a CONFIAR en la misericordia y bondad de Dios, y aunque sent?a que mi vida iba a la deriva como un barco atrapado en una gran tormenta en el que Jes?s iba pl?cidamente dormido, no quer?a despertarlo.

En el ojo de la tormenta

En mi sue?o, Jes?s se dignaba ver mi angustia. En agosto del 2017, asistimos con mi peque?a hija a un retiro de un d?a en el Centro Mariano de Retiros, conducido por el Padre Dominic Valanmanal, un sacerdote con muchos dones. Aceptando plenamente mi condici?n y la enfermedad de mi hija, le dije a Jes?s: ?Si es tu voluntad, te pido que sanes a mi hija, pero si no es tu voluntad, la acepto con todo mi coraz?n, y s?lo te suplico que me des un beb? sano?? Sab?a que eso era imposible dada mi condici?n, pero tambi?n sab?a que nada era imposible para Dios.
Al mes nos enteramos de que estaba embarazada de nuestro quinto beb?. Comprend? que la Fuente de Vida, y la insondable misericordia de Dios, hab?a envuelto nuestras vidas durante aqu?l retiro. Inexplicablemente me sent?a m?s serena, y en mi coraz?n no hab?a ni rastro de temor.

?Estad quietos??

Jes?s hab?a desaparecido mis temores como una nube. Me hicieron un ultrasonido y, por la gracia de Dios, el beb? estaba bien, y para nuestra mayor sorpresa, los doctores no encontraron rastro de un ?tero bicornio ni de ovarios polic?sticos. Los doctores estaban m?s sorprendidos que nosotros: ?ni siquiera pudieron encontrar un peque?o doblez en mi ?tero! Por la misericordia de Dios, ?llev? en mi vientre a nuestro beb? durante 39 semanas! ?Dios nos bendijo con un peque?o ni?o sano que florec?a en Su amor y misericordia! Despu?s de la ces?rea, lo primero que le pregunt? a la doctora fue c?mo estaba mi ?tero, y me dijo que mi ?tero estaba normal, con una sola cavidad entera (incluso me chec? a fondo con la mano). Dios nos hab?a bendecido con un beb? sano, y nos dio la esperanza de tener muchos m?s beb?s sanos. Me hab?a curado por completo. Eso es imposible para el hombre. No hay ninguna operaci?n que hubiera podido cambiar mi condici?n, y s?lo
exist?a un 1% de probabilidades de que mi ?tero cambiara por s? solo. ?Para Dios todo es posible!

?Y conoced que Yo Soy Dios?

Ahora mi beb? me mira y sonr?e, jam?s se cansa de mirarme. Mi beb? quiere VERME siempre, y entonces pens?: ?as? como mi peque?o hijo me mira, as? Dios siempre nos est? mirando. Nos mira hastaen nuestros peores momentos, y aunque no sintamos su presencia y sus cuidados, especialmente cuando nos sentimos hundir bajo las olas de la desesperaci?n en algunos momentos de la vida, y aunque nos cuestionemos la existencia de un Dios que nos mira desde el cielo, ?real y verdaderamente
Dios est? all?!
Hoy, mientras espero mi turno en la cl?nica pedi?trica, gratamente divertida con las travesuras de mi peque?o, nadie sabe del ?ngel de cuatro a?os que me espera en casa que todav?a no puede sentarse o pararse sin ayuda. No s? si alg?n d?a me dir? ?mam?? o juegue conmigo como lo hacen los ni?os normales, pero a su modo me expresa su amor libre de toda mancha mundana. La sonrisa de nuestro peque?o hijo lleva alegr?a a nuestras vidas, pero la sonrisa de nuestra hija es la que m?s brilla y alegra grandemente nuestros corazones.

?No teman!

Si Jes?s pudo derribar todos nuestros temores y renovar toda nuestra vida, ?tambi?n lo har? por ti! Deja todo en sus manos porque ?l te ama. No importa cu?l sea la situaci?n por la que est?s pasando, ?Dios la conoce y sus ojos est?n puestos en ti! S?lo conf?a plenamente en su infinita misericordia, porque el camino a la paz no la encontraremos en reuniones encumbradas, en arsenales de armamento, o en la adquisici?n de bienes materiales; la paz en nuestra vida s?lo la encontraremos confiando en la misericordia de Dios. ?Se?or Jes?s, nos ofrecemos a ti, y te entregamos todas nuestras ansiedades, temores y nuestra peque?ez. Confiamos en esa Divina Misericordia que brota de tu Coraz?n colmado de amor. Sum?rgenos, oh Se?or, en el oc?ano infinito de tu misericordia. Fortalece y renueva nuestras vidas para que, con tu gracia, enfrentemos valientemente las tormentas de la vida hasta que lleguemos a las playas eternas de la tierra prometida del Padre.? Am?n.

 

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Reshma Thomas

Reshma Thomas serves on the Editorial Board of Shalom Tidings. She resides with her family in Kerala, India.

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