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Sep 02, 2020 335 Margaret Ann Stimatz
Disfrutar

Mi Hombre Principal

?Pl?stico? ?Cubierto de polvo? No este Chico

Una Noci?n Extra?a

En un momento tuve que pensar que los santos eran de pl?stico y cubiertos de polvo, como demasiadas de las estatuas antiguas que hab?a visto. ?Qu? podr?an saber o por qu? podr?an preocuparse por m? y mi mundo? Pero durante un per?odo de tiempo, comenc? a tener un ‘sentido’ interior de que San Jos? quer?a mi atenci?n. No ten?a idea de por qu?. Pero esta impresi?n no se alejaba. A veces me arrodillaba ante su estatua en la iglesia y le dirig?a una palabras como: «Hola, Jos?, no te conozco. ?Realmente quieres mi atenci?n?» Nunca escuch? respuestas. Pero a?n as? no pod?a dejar la idea de que estaba tratando de conectarse.

Soy una mujer soltera sin destreza para funcionamientos defectuosos ? mec?nicos o digitales ? que a menudo se frustra cuando tales cosas ocurren. Como experimento, comenc? a pedir la ayuda de San Jos? con estas situaciones, y me di cuenta de que parec?a responder de diversas maneras creativas. Me impresion?. Despu?s de unos a?os, me convenc? de que San Jos? realmente era parte de mi equipo. Cuando les dije sonriendo a mis amigos: «?Es mi hombre principal!»? San Jos? sigui? cuid?ndome en asuntos grandes y peque?os. Pero recientemente me protegi? incluso antes de preguntar, cuando no sab?a que necesitaba protecci?n.

Mi amiga Kathy hab?a dejado un mensaje pidi?ndome que cubriera su hora de adoraci?n al d?a siguiente. Como no pod?a responder a tiempo, s?lo me present? al d?a siguiente como ella hab?a pedido. Inexplicablemente, me estacion? en un ?rea del estacionamiento donde no suelo hacerlo, en el extremo norte en vez de hacerlo en el extremo sur del enorme estacionamiento. En la iglesia, mientras estaba de rodillas, vi pasar a mi amigo Andy. Pero no pas?. Se inclin? en mi banca y me susurr? que la llanta trasera del lado del conductor estaba ponchada. Sorprendida, le di las gracias a Andy, le hice una oraci?n r?pida a San Jos? para pedirle que se haga cargo, y dej? la llanta fuera de mi mente.? Mientras terminaba mi hora, Andy de repente reapareci?. Esta vez su voz era urgente: «Absolutamente yo no conducir?a con esa llanta. Tengo un dispositivo que puede inflarla. Ir? a buscarlo. Regreso en diez minutos.?

Afuera, mientras esperaba a que Andy regresara, vino una amiga. Ella y yo hablamos acerca de la llanta y acordamos que no se ve?a muy ponchada. Estaba segura de que no habr?a ning?n da?o si conduc?a unas dos millas al taller de llantas. Pero no ten?a forma de contactarme con Andy y no pod?a irme y dejarlo mientras ?l estaba haciendo todo lo posible para ayudarme. Adem?s, tuve un peque?o pensamiento chismoso, ‘Andy es un ‘chico de coches’ de oficio. Podr?a tener un mejor «ojo para los coches» que yo. Por supuesto, cuando Andy conect? su aparato a mi llanta, la presi?n registraba 6 libras en lugar de las 30-35 libras que se supon?a que ten?a que ser. Mi llanta podr?a haber quedado destrozada si yo hubiera conducido en ?l. ?Caramba! Mientras Andy estaba inflando la llanta, mencion? que estuve all? esa ma?ana a petici?n de Kathy. Para mi sorpresa, ??l tambi?n! Parece que cuando Kathy no pudo contactarse conmigo tambi?n le pidi? a Andy que cubriera su hora. ?Qui?n sab?a que los dos vendr?amos?

?Un Plan Celestial?

En el taller se le quit? un clavo a mi llanta y fue reparada sin costo alguno.? Mientras conduc?a a casa dandole gracias a Dios por Su cuidado, San Jos? apareci? en mi mente.? Y las preguntas empezaron a aparecer en mi cabeza: ?Era San Jos? parte de un plan celestial para protegerme ese d?a… o para protegerme de una posible exploci?n de llanta m?s tarde esa semana cuando estuviera viajando por carretera?

Andy y yo nos presentamos en adoraci?n, y yo? me estacion? en el lado norte ese d?a, cuando normalmente me estaciono en el sur.? Y en ese gran estacionamiento, Andy, con su buen ojo de mec?nico, se detuvo junto al lado de mi auto donde pod?a ver f?cilmente mi llanta ponchada.

?Todo esto era coincidencia? No lo sabr? con seguridad en este lado del cielo.? Pero s? con seguridad que los santos no est?n lejos y a veces realmente se involucran en nuestros asuntos, tanto grandes como peque?os. Y a veces, incluso cuando no lo hemos pedido, sus huellas celestiales invisibles aparecen en los lugares m?s audaces. S? que San Jos? no es pl?stico.? Este tipo poderoso con influencia celestial demuestra una y otra vez que realmente me cubre mis espaldas. No s?lo me ayuda a navegar por caminos traicioneros cada vez que lo pido, sino que a veces extiende su atenci?n proactiva incluso cuando no tengo idea de que lo necesito.

Oh San Jos? cuya protecci?n es tan grande, tan fuerte, tan pronta ante el Trono de Dios, pongo en ti todas mis intereses y mis deseos. Ay?dame, por tu poderosa intercesi?n, para que siempre pueda buscar la Santa Voluntad de Dios. S? mi protector y mi gu?a en el camino de la salvaci?n. Am?n.

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Margaret Ann Stimatz

Margaret Ann Stimatz returned to Catholicism on the tidal wave of graces released at the death of Pope Saint John Paul II. A retired therapist, she has published numerous magazine articles. She?s currently working on her first book, ?Honey from the Rock: A Forty Day Retreat for Troubled Eaters?.

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