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?Pronto! Menciona a tres de los cat?licos m?s influyentes que hayan existido hasta ahora. ?La Beata Madre Teresa? ?Santo Tom?s Moro? ?San Francisco de As?s? No importa a qui?n hayas elegido, porque apuesto a que cualquiera de ellos est? entre las primeras filas con estos grandes cat?licos. Pero, ?alguna vez te has preguntado por qu? son tan ?grandiosos?? ?Qu? es lo que tienen estas personas que hacen que la Iglesia se pare exclamando: ?Oigan todos: m?renla? m?renlo! y todos volteamos a verlos? La raz?n es simple: fueron transformados; estaban enamorados de Jes?s. Eventualmente, todos cambiamos ?para mejor o para peor- por alguien o por algo que amamos: los que aman demasiado las riquezas se hacen envidiosos, creaturas miserables; los que idolatran la belleza se convierten en narcisistas; pero los que se enamoran de Jes?s se transforman y convierten en algo diferente.
Habiendo encontrado un amor apasionado, responden con generosidad a la radical invitaci?n de hacerse como ?l: buenos, sacrificados, sabios, pacificadores, castos, bondadosos, pobres y misericordiosos.
Con el tiempo, aquellos que son pose?dos por el amor de Dios, el Creador del universo, sufren una ?metanoia? o conversi?n en la que ?l cambia sus vidas hasta la ?ltima fibra de su existencia. As? fue como una insignificante, pobre y peque?a mujer como la Beata Madre Teresa pudo recoger cantidad de moribundos en las calles de Calcuta, amarlos y atenderlos tiernamente hasta que ?stos exhalaron su ?ltimo suspiro. Su adoraci?n por Jes?s era tal, que se asemej? a ?l plenamente pudiendo irradiarlo a cuantos la rodeaban.
MENTES RENOVADAS
Cuando el ap?stol Pablo escribi? a los cristianos de Roma, les dijo: ?No os acomod?is al mundo presente, antes bien, transformaos mediante la renovaci?n de vuestra mente, de forma que pod?is distinguir cu?l es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto? (Rm 12,2).
?Y c?mo pensaba el mundo en la antigua Roma?
Las mujeres tomaban libremente hierbas medicinales como abortivos
Las ceremonias de gays estaban de moda El adulterio era bastante difundido
La pena de muerte era una forma de entretenimiento
Para un cristiano, vivir d?a a d?a entre personas que consideraban estas cosas como algo natural no le habr?a sido dif?cil ser absorbido por la forma de pensar de la mayor?a, perdiendo de vista lo que Dios considera como ?bueno, aceptable y perfecto.? Pero los ?grandes cat?licos?, una vez que se convierten aut?nticamente a Dios, jam?s permiten que su conciencia se amolde a la opini?n p?blica; est?n demasiado ocupados amold?ndola a Cristo y a su Iglesia.
En la Inglaterra del siglo XVI, cuando la gente apoy? el juego del Rey Enrique VIII para proclamarse pont?fice de Inglaterra ?confeccionado a su estilo-, Santo Tom?s Moro no dud? ni se comprometi?. Para un hombre enamorado de Dios y dedicado a la cuidadosa edificaci?n de las almas en la fe, no hab?a ninguna otra opci?n m?s que rehusarse a dar su consentimiento. Esta fortaleza y convicci?n no pod?a ser agitada a capricho del clima pol?tico en ?voga? o la tentaci?n de ?ir con los tiempos?. Santo Tom?s Moro acudi? a su muerte ?y a la magn?fica eternidad celestial- por tener una mente cat?lica renovada. Ese heroico sacrificio inspira hoy a millones de fieles a perseverar ante los ataques, ridiculizaciones y vejaciones de sus creencias m?s profundas y sagradas por parte de las sociedades en todo el planeta. Son miles los que han respondido al llamado de trabajar por la noble defensa de la libertad religiosa bajo esta bandera. Las personas cuya conciencia ha sido transformada por Cristo saben lo que a ?l le agrada, de tal suerte que en lugar de que el mundo los cambie a ellos, ellos habr?n de cambiar al mundo.
CORAZONES MISIONEROS
Si la persona humana fue creada para Dios, no podr? hallar la felicidad plena hasta que no lo conozca y sepa que ?l leama. La gente busca a Dios por todas partes ?a lo largo y a lo ancho- y en todo tipo de lugares -buenos y malos-, pero el fundamento principal de nuestra fe nos recuerda que es en la Iglesia Cat?lica donde se encuentra la Perla preciosa del reino de Dios: una que est? radiante, completa y viva.
A algunos este gran regalo se les otorg? desde que nacieron, y otros han tenido que viajar a lo largo de muchos y dif?ciles a?os para encontrarlo. Sin embargo, la forma en c?mo ha llegado cada quien no es lo m?s importante, sino qu? es lo que hacemos una vez que lo encontramos y lo creemos nuestro. Para muchos, la tentaci?n de utilizar nuestra fe cristiana como si fuera un pase exclusivo de entrada que escondemos y s?lo mostramos cuando nos conviene, es algo muy real; y peor todav?a cuando nos encerramos ?a piedra y lodo? dentro de un determinado grupo cat?lico y pensamos que nadie pude ser m?s digno de recibir la misma misericordia y amor que nosotros. Sin embargo, la persona que tiene una genuina relaci?n con Jes?s entiende las cosas de una manera diferente: Dios pertenece a todos y todos tienen derecho a ?l, por lo tanto, no hay nadie a quien Dios no busque y no hay nadie por quien no est? absolutamente loco de amor.
Tiene sentido, entonces, que uno de los hombres m?s santos que ha vivido, San Francisco de as?s, fuera un hombre con un celo misionero incomparable que viaj? no s?lo a todo lo largo y ancho de la provincia italiana, sino que lleg? tan lejos como a egipto proclamando elevangelio a cualquier persona que quisiera escucharlo. ?Por qu?? Porque como un aut?ntico disc?pulo que hab?a sido transformado, se dio cuenta de que Dios deseaba a otras personas tanto como lo deseaba a ?l, y le parec?a un insulto No compartir lo que ?l mismo hab?a recibido tan generosamente. Como resultado, su evangelizaci?n no s?lo convirti? pueblos enteros que hab?an crecido de forma torcida en su fe, sino que revivi? a toda la Iglesia Cat?lica.
Aquellos que ?coleccionan? a Dios guard?ndolo c?modamente para s? mismos, est?n en grave peligro de que sus ministerios e iglesias encuentren la muerte espiritual, porque ellos mismos se enferman de anemia, se convierten en cristianos irrelevantes incapaces de llevar a cabo la obra que se les ha encomendado. ?Y qu? hay de las personas que arriesgan todo lo que tienen con tal de compartir su experiencia de Dios? esos son los que se convierten en ?grandes?.
LA DECISI?N ES NUESTRA
Todos lo hemos escuchado y quiz?s hasta lo hemos dicho: ??oye! yo jam?s dije que fuera un santo.? ?sta es la frase por excelencia que nos excusa de todo: de nuestras formas aburridas, de nuestra apat?a por hacer el bien, de nuestra obstinada persecuci?n de todo lo que es mundano, pero si hemos de ser honestos, lo que en realidad queremos decir es: ?No me quiero esforzar m?s de lo que lo hago ahora; lo que hago es sufi ciente, ?a qui?n le importa ser ?grande??? Con este tipo de actitudes demostramos que se nos olvida algo muy importante: que Dios no hace ?lo sufi ciente?, y que la mediocridad cristiana jam?s se ha ganado el sello aprobatorio de Dios. es decir, no existe una ?chica alada? esperando a las puertas del cielo para alguien que, sabiendo que se pudo haber esforzado m?s, simplemente, bueno, pues?no lo hizo.
Probablemente no seamos los pr?ximos Santa Teresa de Lisiex o el beato Juan Pablo II; posiblemente no alcancemos las cimas de la santidad antes de morir, pero? igual y s?; quiz?s, y s?lo quiz?s, podr?amos hasta llegar m?s arriba. as? que, s?lo por hoy, si?ntate en silencio en alg?n lugar y dile a Jes?s ?gracias.? Cu?ntale tu vida, tus sue?os, tu dolor. ?l te ama y te ayudar? porque ?l ha estado anhelando este momento mucho m?s tiempo que t?. Date la oportunidad de ser transformado(a). es una decisi?n de la que te prometo no te arrepentir?s.
Erika Reece (www.thetransformblog.wordpress.com) es cat?lica convertida dedicada a educar a sus tres hijos en casa. obtuvo una licenciatura en Periodismo Impreso en la Universidad de Montana, y es miembro activo de la Parroquia del Santo rosario en bozeman, Montana.
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