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Ago 06, 2019 664 Jeannie Ewing
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La cura para la soledad

?Te sientes aislada(o) y desesperada(o)? ??nimo, porque nunca est?s sola(o)!

Hace como seis a?os, nuestra hija de en medio, Sarah, naci? sorpresivamente con una condici?n extra?a craneofacial llamada s?ndrome Apert, que requiere de 20 a 60 cirug?as a lo largo de toda una vida. Hasta ese d?a, mi esposo, Ben, y yo hab?amos participado activamente en la comunidad parroquial, y ten?amos muchos y diferentes c?rculos sociales. Sin embargo, despu?s de aquel d?a, la mayor?a de la gente dej? de invitarnos a los eventos y reuniones. Me doli?; me sent? abandonada y me di cuenta del vac?o infinito de oscura soledad. No era que no me aferrara a mi fe; al contrario, le lloraba a Dios mucho m?s, pero segu?a sintiendo que las personas m?s cercanas a nosotros deber?an haber sido los que estuviesen a nuestro lado cuando m?s los necesit?bamos y, sin
embargo, nos abandonaron sin habernos preguntado c?mo est?bamos, sin que pasara nadie a una r?pida visita, ni siquiera nos enviaron alg?n mensaje.

Desde ese tiempo he reflexionado la universalidad de la soledad y por qu? es algo tan generalizado en nuestro mundo. Casi todos los d?as leo sobre un nuevo suicidio ?en ocasiones de ni?os peque?os no mayores al m?o que va en segundo grado- o de otra persona que ha ca?do en el pozo de la desesperanza. Al parecer, ahora m?s que nunca estamos buscando conexiones humanas, pero lo estamos haciendo a trav?s de canales dif?ciles como los medios sociales y otros medios digitales.
Santa Teresa de Calcuta, muy famosa en su ?poca, afirm? que una de las grandes pobrezas es la soledad. ?Qu? cura un vac?o tan devastador? Con frecuencia pienso en Jes?s en el Huerto de Getseman?, cuando todos sus amados amigos se quedaron dormidos en su hora de mayor necesidad. ?l rez?, como lo hacemos todos casi siempre, pidi?ndole a su Padre celestial que apartara de ?l el amargo c?liz del sufrimiento. El Padre respondi? a su plegaria, pero no de la manera en que ?l lo deseaba inicialmente. En vez de apartarlo del sufrimiento y la soledad, Dios le envi? a un ?ngel de consuelo para acompa?ar a Jes?s a lo largo de su Pasi?n. Tambi?n recuerdo que mis horas m?s terribles de soledad se han visto compensadas con peque?os consuelos diarios. A veces me ha resultado dif?cil reconocerlos, especialmente cuando me he sentido muy desanimada por el peso de las citas m?dicas diarias, por estar ocupada en canalizar los arrebatos emocionales de Sarah y sus retrasos de desarrollo hacia un comportamiento constructivo, o por estar interviniendo en las peleas entre nuestros hijos, pero los consuelos abundan.

No hace mucho me encontraba agonizando en soledad. En t?rminos generales, me sent?a incomprendida por la gente y sin saber con qui?n platicar. Ten?a cita con el m?dico, pero esta vez ten?a que llevar conmigo a todos mis hijos. Temiendo que pudiera suceder lo de la vez pasada, desesperadamente le supliqu? a Nuestra Se?ora que nos acompa?ara a m? y a las ni?as para que todo saliera bien y no como la ocasi?n anterior que, mientras esper?bamos en la cl?nica, Ver?nica hizo un santo berrinche como de 20 minutos. Nuestra Se?ora escuch? mi oraci?n y de regreso a casa, respir? profundamente varias veces percat?ndome de que a cada exhalaci?n me sal?an alabanzas de agradecimiento a Dios por esta peque?a y aparente insignificante ayuda celestial.

La soledad, pese a lo que podamos pensar, no se sana necesariamente con el b?lsamo de la actividad, si bien es cierto que estamos dise?ados para vivir en comunidad y necesitamos la conexi?n humana. Lo que en primera instancia puede atemperar la tristeza y el peso de la soledad es estar a solas con Dios. Muchas veces pienso en aquel relato de El?as en el Antiguo Testamento, en donde se le instruye salir y buscar a Dios, y El?as no lo encuentra ni en el violento hurac?n, ni en el terremoto, ni en el rayo, sino que lo encuentra en el murmullo de una suave brisa.
Del mismo modo, no podemos escuchar a Dios si estamos inmersos en el ruido y el alboroto que por lo general nos rodea. La soledad se distingue en dos vertientes: estar sin compa??a humana, o sentirse solo y vac?o interiormente. Las almas debemos buscar a Dios en la soledad del espacio sagrado y con el tiempo necesario, porque s?lo ?l nos puede brindar una verdadera paz interior perdurable.

Estar f?sicamente a solas sana la soledad interior. Yo me doy cuenta de que cuando me alejo de Dios, es cuando me siento m?s sola, pero cuando busco tiempo para estar con ?l en silencio y oraci?n, cuando lo busco de todo coraz?n, Dios me llena de consuelos y de amor haciendo desaparecer el vac?o interior. No tengo ya necesidad de buscar consuelos y palabras humanas para calmar mi coraz?n herido, porque Dios sana con infinita ternura y amor el coraz?n herido y renueva mi esp?ritu para llevar con m?s fortaleza y esperanza la cruz que ?l se ha dignado darme.

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Jeannie Ewing

Jeannie Ewing is a spiritual writer and inspirational speaker. She writes about the hidden value of suffering and even discovering joy in the midst of grief. Jeannie shares her heart as a mom of two girls with special needs in ?Navigating Deep Waters: Meditations for Caregivers? and is the author of ?From Grief to Grace: The Journey from Tragedy to Triumph.? Jeannie was featured on National Public Radio?s Weekend Edition and dozens of other radio shows and podcasts. To know more about her, visit lovealonecreates.com or fromgrief2grace.com . Originally published at www.catholicexchange.com. Reprinted with permission.

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