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Mar 26, 2021 285 Sean Booth
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El Home Run

?Hay algo precioso dentro de ti!

Dicen que las ?nicas dos cosas seguras en la vida son la muerte y los impuestos. Pero despu?s de haber pasado mi vida laboral en la industria de la construcci?n y haber conocido a personas que hicieron dinero vendiendo drogas, puedo decir con seguridad que este dicho s?lo tiene una verdad a medias. La muerte ciertamente nos espera a todos, aunque la mayor?a de nosotros rara vez pensamos en ella hasta que nos vemos obligados a hacerlo. Nos enfocamos en nuestros cuerpos mortales y temporales y nos olvidamos de nuestras almas eternas. Pero la eternidad es real y ahora es el momento de decidir d?nde la queremos pasar. .

Hace unos a?os, tuve el privilegio y la bendici?n de ser voluntario con los Misioneros de la Caridad de la Madre Teresa en un hogar para indigentes, enfermos y moribundos en Calcuta, La India. La Madre Teresa dijo, ?una muerte hermosa es que las personas que han vivido como animales mueran como ?ngeles.? Tuve la bendici?n de experimentar tal muerte de primera mano durante mi primera visita a la India.

Estuve con los hermanos religiosos la noche en que recibieron la noticia de que la Hermana Nirmala, la sucesora de la Madre Teresa como superiora de las Misioneras de la Caridad, hab?a muerto. La comunidad estaba de luto y mientras oraba, sent? que el cielo nocturno cambi?. Era como si el cielo se abriera para recibir a esta mujer santa y fiel. Lo extra?o es que sent? que el cielo no se ?abr?a? s?lo para la hermana Nirmala, sino para alguien m?s que morir?a pronto. Sent? en mi alma que alguien en el hogar donde estaba trabajando como voluntario morir?a al d?a siguiente. Incluso lo escrib? en mi diario. Esa noche casi no dorm?.

A la ma?ana siguiente, despu?s de asistir a la Santa Misa y orar al entrar en el hogar, inmediatamente fui a ver a los dos hombres m?s gravemente enfermos para asegurarme de que a?n estaban con vida. Afortunadamente lo estaban. Me puse a hacer mis deberes como siempre. Pero pronto una de las hermanas me tom? por el brazo y me pregunt? si sab?a orar. Le dije que s?.

Me llev? con un hombre que cre?a que no le quedaba mucho tiempo de vida y me pidi? que orara con ?l. Me sent? junto a su cama, puse mi mano en su coraz?n y comenc? a orar. Sus ojos miraban fijamente el techo y sent? que se hab?a rendido por completo. Hab?a perdido tanto peso que su rostro se hab?a vuelto demacrado y sus mejillas huecas. Sus ojos estaban tan hundidos que sus l?grimas se juntaron en las esquinas de sus ojos y no pod?an correr por sus mejillas. Me dol?a el coraz?n. Al orar, vi que la mano que hab?a puesto sobre su pecho se mov?a hacia arriba y hacia abajo m?s lento y m?s lento con cada respiraci?n sucesiva. Su vida se estaba escapando. Molesto, empec? a hacerle a Dios preguntas airadas: ?Tiene este hombre una familia? Y si era as?, ?d?nde est?n? ?Por qu? no est?n aqu?? ?Saben lo que ha sido de este hombre? ?Les importa? ?A alguien le importa?

Durante mi oraci?n, empec? a escuchar el sonido de tambores proveniente del templo hind? de al lado, un templo dedicado a la diosa Khali (la diosa de la muerte). El sonido de los tambores se volvi? m?s fuerte. Sent? que se jugaba una batalla por el alma de este hombre. Cuando lo vi tomar su ?ltimo respiro, cerr? mis ojos y llor?.

Pero cuando los volv? a abrir, repentinamente encontr? la respuesta a mis preguntas airadas. Sin darme cuenta, dos de las hermanas, un hermano y otro voluntario tambi?n se hab?an reunido junto a la cama. Ellos estaban de pie orando en silencio. ?A alguien le importaba? ?Por supuesto, a ellos les importaba! ?D?nde estaba su familia? All?, orando por ?l ?su familia en Dios! Llor? arrepentido por la manera en que hab?a cuestionado a Dios, pero tambi?n llor? impresionado y lleno de agradecimiento por Su infinita bondad y misericordia. No pod?a pedir nada m?s especial a la hora de mi propia muerte que estar rodeado de gente orando ferviente y amorosamente por mi salvaci?n. Cuando cerr? mis ojos para orar de nuevo, vi una imagen del difunto vestido de un blanco brillante y caminando hacia Jes?s. Los brazos de Jes?s estaban abiertos mientras esperaba al hombre y lo abraz? con gran amor. Fue impresionantemente hermoso. Pero Dios ten?a m?s luz para brillar en mi coraz?n. Con la mano todav?a en el pecho del hombre muerto, abr? los ojos y vi a un hombre en una cama cercana que se hab?a ensuciado los pantalones. Nadie m?s lo hab?a notado, as? que ten?a una decisi?n que tomar: Pod?a seguir orando por un hombre que ahora cre?a estar con Jes?s o pod?a levantarme y ayudar a restaurar la dignidad de otro hombre. Fue una decisi?n f?cil. Me levant? de inmediato y limpi? al hombre postrado y le puse ropa fresca. Lo que o? en silencio en mi coraz?n fue, ?la vida contin?a.?

Los que caminan con Jes?s saben que la muerte no debe ser temida. De hecho, cristianos, la muerte deber?a emocionarnos: Pablo lo dice persuasivamente: ?Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ?ngeles, ni principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podr? separar del amor de Dios que es en Cristo Jes?s Se?or nuestro? (Romanos 8:38-39).

S?, la vida contin?a, pero para cada uno de nosotros tambi?n terminar? un d?a. Nuestro tiempo aqu? es corto, y la eternidad es larga. As? que, con San Pablo, olvidemos ?lo que queda atr?s y continuemos? hacia lo que est? delante, prosiguiendo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jes?s? (Filipenses 3:14).

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Sean Booth

Sean Booth is a Lay Missionary of Charity and has just begun studying a Bachelor of Divinity theology degree at Maryvale Institute in Birmingham, England, UK. He shares his incredible encounter with Jesus through the Shalom World TV program ?Jesus My Savior?. To watch the amazing story. visit: https://shalomworld.org/episode/a-prisoner-finds-jesus-seanbooth.

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