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Ago 13, 2019 1388 Shalom Tidings
Encuentro

CUANDO DIOS ME HABL?

Si tuviera que confesar ?incluso a mi amiga m?s ?ntima – que escuch? una voz que me guio, me consol? o me castig?, sin duda estar?a viendo una elevaci?n de cejas, o dos.

El mundo de hoy considera extra?as a las personas que admiten escuchar una voz de vez en cuando, sin embargo, en el Libro de Jerem?as (7,23) el Se?or dice: ?Escuchen mi voz, y yo ser? su Dios y ustedes ser?n mi pueblo.Caminen por el camino que les indiqu? para que siempre les vaya bien". El Salmo 95, 7-8 nos recuerda: "Ojal? pudieran escuchar hoy Su voz. No endurezcan sus?corazones»

Jes?s nos dice que ?l es el buen Pastor, y en el Evangelio de Juan (10,27) nos dice: "Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecer?n jam?s."?Dios nos habla. ?l nos dice que nos habla y que debemos escuchar.

Como cristianos que vamos de camino por esta vida mundana, ?por qu? nos incomoda pensar que podr?amos tener un verdadero encuentro al escuchar la voz de Nuestro Se?or? ?C?mo saber si estamos escuchando la voz de Dios? ?C?mo podemos reconocer que el buen Pastor nos habla? Creo que Dios se acerca a nosotros de maneras que podemos comprender; tambi?n creo que hay muchas historias que nos dicen que actualmente la gente lo escucha y reconoce Su voz.

Una historia en particular tuvo lugar un viernes de junio del 2007. En el Condado de Sacramento, California, la temperatura exterior se hab?a elevado a m?s de 39 grados cent?grados. Era un d?a muy claro y soleado, sin nubes que filtraran el abrazante sol ardiente. Los viernes eran los d?as en que sal?a a hacer una gran compra de alimentos. Era una vieja tradici?n (sin importar lo que pasara durante la semana) que nuestra familia se reun?a los viernes por la noche, prepar?bamos palomitas y ve?amos una pel?cula juntos, y lo mejor era el final porque termin?bamos comiendo un gran bote de helado, y como casi nunca lo com?amos entre semana, mi familia ansiaba la cremosa golosina. Aquella noche de viernes no ser?a diferente, especialmente porque con el clima tan
caliente, se deseaba mucho m?s.

Mi intenci?n era llegar al supermercado, hacer las compras r?pidamente y regresar a casa lo antes posible antes de que el intenso calor calentara mi auto e hiciera que los productos perecederos se cocinaran o se calentaran durante el camino a casa; pero una cosa son las buenas intenciones y otra las cosas que suceden, lo que a veces resulta en historias interesantes.

Momentos de prueba

En ese entonces nuestro hijo era adolescente -y estoy segura de que la mayor?a de los padres de j?venes estar?n de acuerdo conmigo- puede resultar todo un desaf?o convencer a un joven de que lo que m?s les interesa a ellos, lo tiene uno como padre en el coraz?n. Sabemos por experiencia que prohibirles ir a ciertos lugares o hacer cosas que podr?an resultar potencialmente da?inas para ellos, puede ser una gran prueba, y el caso con nuestro hijo no era la excepci?n.

El jueves anterior, por la noche, las cosas no hab?an ido tan bien como hubi?ramos querido. No hab?amos
mantenido ?un ojo? a ciertos aspectos de su bienestar, y despu?s de una larga discusi?n, fue claro que por su bien, ten?amos que ejercer un correcto juicio como padres, pero lo menos que puedo decir es que ?l se opuso contundentemente. A la ma?ana siguiente sali? rumbo a la escuela haciendo una rabieta t?pica de su edad, y yo, con la angustia en el coraz?n, me apur? para ir a hacer las compras de la semana.

Esa fue la primera oportunidad del d?a que ten?a para estar sola con mis pensamientos, y m?s importante a?n, a solas con Dios. Mientras iba en el auto hacia el supermercado, comenc? a platicar con Dios sobre mis frustraciones de madre, la incapacidad que sent?amos mi esposo y yo de entendernos con nuestro hijo. Conforme me iba acercando a la tienda, la conversaci?n se hac?a m?s profunda. Entr? a la tienda de prisa, pero segu?a en oraci?n. Con la lista en mano, iba eligiendo las cosas y poni?ndolas en el carrito, y en cada pasillo, el carrito y mis oraciones se hac?an m?s pesadas. Ahora que lo pienso, era casi un mon?logo; yo necesitaba desahogarme con Dios pero en realidad no le hab?a dado la oportunidad de contestarme nada de
aquello que angustiaba mi coraz?n.

Orden inconfundible

Mi lista estaba ya casi terminada cuando escuch? una suave y directa voz que me dec?a: ?Ven a verme.? Me par? de inmediato a mitad del pasillo para procesar lo que acababa de escuchar. Seguramente me hab?a equivocado. Tengo que admitir que estaba un tanto temblorosa, y mi oraci?n cambi? rotundamente pidi?ndole a Dios que me protegiera. Mir? un poco a mi alrededor, orden? mis pensamientos y continu? lentamente hacia la secci?n de congelados para elegir el producto m?s importante de la lista: el helado.

Volv? a escuchar: ?Ven a verme.? La voz era gentil, tranquila y alentadora. De alguna manera sab?a que era Dios pidi?ndome que fuera a verlo, pero me sent?a confundida. ?C?mo pod?a ir a verlo? ?Cu?ndo y d?nde podr?a ir a verlo? ?No entend?a! Casi tan pronto como termin? de hacer las preguntas, obtuve la respuesta; por tercera ocasi?n escuch?: ?Ven a verme.? En esta ?ltima, la voz ten?a un tono m?s firme y autoritario.

Tenemos una iglesia que ha sido bendecida con una Capilla de Adoraci?n, en donde Nuestro Se?or sacramentado est? esperando a todo aqu?l que quiera visitarlo. Sab?a, sin lugar a dudas, que all? era donde ?l quer?a que fuera a verlo, y tambi?n sab?a que quer?a que lo hiciera de inmediato. Pero, ?espera! Mi mundo espiritual y mi mundo mundano estaban a punto de colisionar: ?ten?a un carrito lleno de alimentos con productos perecederos y congelados, y adem?s llevaba helado! ??Se?or, afuera est? a 39? cent?grados! Si voy a verte ahora, mi comida se echar? a perder con el auto hirviendo. Es m?s, ?te das cuenta de lo que me est?s pidiendo? ?Me tundir?n en mi casa si regreso con un helado derretido! De por s? ya la traen conmigo despu?s de lo de anoche, y el helado es lo ?nico que tengo ahora para apaciguar la tensi?n con nuestro hijo.?

Entonces comenc? a regatear con aquella ?Voz?: ?Est? bien. Ir? a verte despu?s de ir a dejar todos los alimentos en la casa; ir? a la Capilla de Adoraci?n.? Nada; no escuch? absolutamente nada. Sin embargo, sab?a que hab?a escuchado la voz de mi Pastor y sab?a que ?l quer?a que yo le obedeciera. Quer?a que yo confiara en ?l.
Termin? de hacer mis compras, puse todas las bolsas en el auto que f?cilmente estaba a m?s de 40 grados, y por obediencia me dirig? hacia la Capilla de Adoraci?n, tratando de resignarme con el hecho de que la obediencia a Su voz era mucho m?s importante que mis compras. Iba planeando c?mo explicar humildemente a mi familia lo que hab?a ocurrido y aceptar las consecuencias. Durante los 20 o 30 minutos que pas? con el Se?or, me guio y me consol? por los sucesos con mi hijo, y mi esp?ritu se sinti? lleno de paz sabiendo que todo saldr?a bien. Le agradec? al Se?or y sal? hacia el auto que estaba hirviendo. Me enfrent? a la realidad de que la mayor?a de los alimentos probablemente tendr?an que tirarse al llegar a la casa.

El derretimiento

Me tard? al menos otros diez minutos para poder abrir la puerta de mi garaje. Ech? un vistazo a las cosas, ypens? que primero tendr?a que sacar la bolsa con el helado derretido. Cog? el cart?n de helado de la bolsa, y todo mi cuerpo se enchin? como carne de gallina. ??Un momento!, ?qu?ee?? No pod?a creer lo que mis manos hab?an sentido. ?El helado no estaba derretido, ni siquiera un poco tibio! De hecho, ?parec?a roca s?lida! ?Estaba m?s congelado que cuando lo saqu? del congelador en el supermercado! ?C?mo era posible? Saqu? m?s bolsas y fren?ticamente empec? a buscar las bolsas de las carnes, los quesos, la leche y las verduras congeladas, las cuales se manten?an intactas. No hab?a se?al alguna de calentamiento o da?o por el calor.
No era la primera vez que compraba con aquel clima tan caliente, y sab?a lo r?pido que pueden derretirse los congelados. Entonces comprend? y empec? a llorar. Gruesas l?grimas rodaban por mis mejillas, y ca? de rodillas sobre el piso del garaje alabando a mi Dios. ?Gracias, Se?or. ?Soy tan tonta!? Y pens?, ??l me ama, me ama tanto que cuid? de m? y cuid? mis alimentos. ?C?mo pude preocuparme tanto por esto o por cualquier otra cosa? ?Acaso no sab?a con qui?n estaba hablando? ?El Gran YO SOY! ?El Creador del universo, el buen Pastor! Y si ?l pudo evitar que muriera para toda la eternidad, seguro que tambi?n pudo evitar que mis alimentos se echaran a perder en una hora. ?Qu? duda cabe!?

Con los a?os he reflexionado muchas veces esta historia, y me doy cuenta de que a?n hay muchas lecciones que aprender de ella. Gracias a la confianza y la obediencia a Su voz, Dios me confirm? que aquella voz que hab?a escuchado era la de ?l, pero yo necesitaba confiar para que ?l se me revelara, y una vez que lo hizo, mi confianza aument? mucho m?s. Las complejidades e intimidades de esa relaci?n de confianza siguen creciendo y tambi?n mi fe.

He compartido esta historia una que otra vez, pero no faltan una o dos cejas levantadas. Sin embargo, al seguir compartiendo mi experiencia, tengo la certeza de que otros podr?n compartir historias semejantes, y le pido a Dios que para los cristianos resulte normal platicar sin tapujos c?mo la voz de Dios les ha hablado en su vida. Jes?s dice: ?Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Les doy vida eterna y ellas jam?s perecer?n?. ?Yo quiero eso! Por eso, estoy escuchando, Se?or.

Dios m?o: te reconozco como mi verdadero Pastor. Hoy abandono en tus manos mi vida, todos mis problemas y ansiedades. ?Ay?dame a confiar en t?, oh Se?or, con todo mi coraz?n y a que no me conf?e de mi propio entendimiento! Cuando est? confundida(o), perm?teme escuchar de nuevo tu voz diciendo, ??ste es el camino, s?guelo.? Am?n.

 

 

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