Trending Articles
?Es la ira o el resentimiento la ?nica forma de afrontar la infidelidad en tu vida? Sarah Juszczak descubre el camino menos transitado, a trav?s de su historia de dolor y triunfo.
Vengo de una familia italiana encantadora. Me cri? y crec? como cat?lica, pero durante mi adolescencia, aunque iba a misa los domingos, no viv?a realmente la fe.
Cuando ten?a diecis?is a?os, me un? a un grupo de j?venes y all? conoc? a Tomasz. Nos pidieron a Tom y a m? que dirigi?ramos un fin de semana para j?venes, as? que acabamos pasando mucho tiempo juntos tratando de organizarlo. Poco despu?s, comenzamos a ?salir?. Ninguno de los dos quer?a ponerle una etiqueta a nuestra relaci?n, no hab?a ninguna intenci?n.
Yo era bastante rebelde en mis a?os de juventud, cosa que Tom odiaba.? Al ser polaco, su fe cat?lica era importante para ?l y ten?a muchos valores tradicionales. Ninguno de los dos conoc?a realmente su fe ni la viv?a, y como ?l no entend?a realmente las razones de sus valores, no me result? dif?cil convencerle de lo contrario. No estaba claro hacia d?nde se dirig?a esta relaci?n y no era la m?s sana, pero nos preocup?bamos el uno por el otro.
Despu?s de casi tres a?os juntos, Tom y yo empezamos a pensar en el matrimonio. Tom estaba terminando la universidad y siempre hab?a so?ado con pasar unos meses viajando por Europa antes de conseguir un trabajo a tiempo completo. Yo estaba muy insegura al respecto, pero algo en mi coraz?n me dec?a que era importante. Este tiempo de separaci?n nos har?a m?s fuertes o nos separar?a.
Justo antes de que Tom se fuera a Europa, nos unimos a nuestro grupo de j?venes en la Jornada Mundial de la Juventud 2008 en Sidney. En ese momento de mi vida, me estaba dando cuenta de que mi vida de fe ten?a que cambiar. No pod?a seguir flotando en lo que era realmente un «ate?smo pr?ctico». Fui a la Jornada Mundial de la Juventud con esta pregunta en mi coraz?n: «Dios, si existes, mu?strate ante m?. Quiero conocerte».
Un par de charlas y experiencias realmente me impresionaron mucho esa semana. Una noche, en el tren de vuelta a casa, mientras reflexionaba sobre lo que hab?a escuchado, abr? el manual del peregrino con una cita de San Agust?n: «Nos has hecho para ti y nuestro coraz?n est? inquieto hasta que repose en ti». En ese momento, tuve una conciencia repentina y abrumadora de la presencia de Dios. Mi centro de gravedad cambi?. Supe que Dios era real, y que nada volver?a a ser igual.
Poco despu?s, Tomasz se fue a Europa y de repente tuve mucho tiempo libre. Escuch? charlas sobre la Teolog?a del Cuerpo, le? m?s sobre la vida de los santos y visit? semanalmente al Sant?simo. Los seis meses que Tom estuvo fuera fueron un tiempo de conversi?n para m?, que culmin? con un curso de formaci?n de l?deres juveniles de un mes de duraci?n. Durante ese tiempo, me di cuenta de que, si quer?a continuar en este camino con Dios, ten?a que dejar de lado las cosas que me alejaban de ?l para poder seguirle con todo mi coraz?n.
Con Tomasz lejos, en Europa, me preguntaba si las cosas funcionar?an para nosotros cuando ?l volviera a casa. ?l segu?a atrapado en un mundo que yo hab?a decidido dejar atr?s, y nuestros valores y prioridades estaban ahora muy alejados.? Segu? presentando esto en la oraci?n y rezando por Tom. Intent? plantar algunas semillas, y cuando algunos de sus planes de viaje se desbarataron, consegu? convencerle de que hiciera un desv?o a Lourdes, la cual fue una experiencia poderosa para ?l, pero todav?a no estaba preparado para hacer cambios.
Cuando volvi? de Europa, supe que deb?amos tener una conversaci?n sincera. Salimos a cenar y trat? de contarle algunas de las cosas que hab?an pasado en mi vida. Le dije que hab?a cosas que necesit?bamos cambiar en nuestra relaci?n. En su mayor parte parec?a estar de acuerdo, hasta que le dije que quer?a que dejara de ver pornograf?a. Apenas dud? antes de responder con un rotundo «No». Esto me sorprendi? bastante. Pens? que al menos estar?a abierto a ello. M?s tarde me dijo que estaba luchando con una adicci?n a la pornograf?a, aunque no era realmente consciente de ello en ese momento.
A medida que ?bamos contando nuestras experiencias durante el tiempo que estuvimos separados, le fue quedando claro que yo era diferente, y se sinti? algo inc?modo. Cuando le revel? que realmente quer?a rezar el Rosario con mi familia todos los d?as cuando estuviera casada, reaccion? muy fuertemente en contra. Yo intentaba desafiarle y animarle. Cuando le describ?a mi imagen de la vida familiar y c?mo esperaba vivir mi vida, ?l se opon?a. ?l ya no era lo m?s importante en mi vida, y eso no le gustaba nada.
Empec? a sentir que no deb?a estar en esta relaci?n, as? que le ped? al Se?or una respuesta. Sab?a que ?l quer?a que terminara con Tom, pero era dif?cil porque est?bamos muy comprometidos. Intent? terminar con ?l varias veces, pero para Tom era todo o nada. Lo amaba y no lo quer?a fuera de mi vida por completo. Le dije al Se?or que no ten?a suficiente fuerza para terminar la relaci?n yo misma. La ?nica manera de que sucediera era si Tom hacia algo grave, pero yo estaba segura de que eso no era posible.
Poco despu?s, Tom vino a verme. Claramente estaba muy nervioso, pero finalmente se arm? de valor para confesar. Me hab?a estado enga?ando. Yo estaba destrozada. ?C?mo pudo haberme traicionado, cuando yo confiaba en ?l por completo? ?C?mo pudo mentir tan convincentemente, sin pesta?ear? ?C?mo pude ser tan ingenua?
Esta revelaci?n me hizo cuestionar muchas cosas que cre?a saber. Nunca pens? que Tom fuera capaz de enga?arme cuando yo me consideraba una buena juez de caracteres. Descubr? que ?l ten?a el h?bito de mentir y que lo hab?a hecho durante alg?n tiempo. Era terriblemente bueno en ello.
Naturalmente, me dej? de Tom de inmediato. Siempre he tenido un don para el drama, as? que esa noche empaqu? una caja con sus cosas y le llam? para que las recogiera. Cuando me encontr? con ?l fuera de mi casa, perd? completamente la cabeza. Me enfurec?. Para mi sorpresa, no intent? dar explicaciones ni defenderse, simplemente se tir? al suelo y llor?.
Es dif?cil articular lo que sucedi? en ese momento. Al ver llorar a Tom, toda la ira que hab?a en m? se disolvi? al instante. Me sent? tan conmovida por la compasi?n y el amor que me arrodill? junto a ?l y lo abrac?. S?lo puedo describir ese momento como una visi?n del Coraz?n del Padre. Sent? el amor y la misericordia de Dios fluyendo a trav?s de m? y vi que yo no era diferente a Tomasz. En ese momento, Dios me dio una visi?n de su propio Coraz?n cuando me abraz? y me perdon? mi propia infidelidad.
M?s tarde, Tomasz describi? esta experiencia de manera similar, como si hubiera sido Dios envolvi?ndolo en su abrazo misericordioso y amoroso. No soy una persona que se desprenda r?pidamente de las cosas, as? que la gracia de perdonar a Tomasz tan magn?nimamente vino definitivamente de Dios, no de m?.
A pesar de que perdon? a Tom, ambos sab?amos que deb?amos seguir caminos separados. Tom dir?a m?s tarde que el haber terminado con ?l fue una de las mejores cosas que le pudieron pasar. Dios hab?a estado guiando a Tom en su propio camino, y necesitaba hacer esta parte sin m?. En ese desv?o a Lourdes, meses antes, experiment? que Dios lo guiaba. De hecho, Dios le gui? directamente al confesionario. Cuando empez? a sacar las cosas a la luz, recibi? la gracia de ser finalmente sincero conmigo.
Tras nuestra ruptura, Tomasz hizo un esfuerzo consciente por dar un giro a su vida. Empez? a visitar al Sant?simo y asistir a la Hora Santa con regularidad, acudi? a un sacerdote amigo nuestro para que le orientara, y finalmente se puso a escuchar los discos compactos (CD) sobre la Teolog?a del Cuerpo que yo le hab?a estado insistiendo desde su regreso de Europa.
Tom y yo estuvimos juntos tres a?os antes de terminar nuestra relaci?n y estuvimos separados durante tres a?os antes de que Dios nos volviera a unir. Durante ese tiempo, pudimos reconstruir nuestra amistad. Yo estaba terminando mis estudios, disfrutando de una nueva carrera en publicidad y comunicaciones y discerniendo una vocaci?n. Estaba bastante segura de que iba a ser religiosa. Tom se ganaba bien la vida como consultor de rehabilitaci?n, pero cada vez estaba m?s inquieto. Ambos quer?amos descubrir la voluntad de Dios para nuestras vidas.
La oportunidad de asistir a la JMJ 2011 en Madrid surgi? para cada uno de nosotros en peregrinaciones separadas. Ambos fuimos con la intenci?n de descubrir lo que Dios quer?a para nosotros. Yo esperaba encontrarme con la orden religiosa a la que deb?a unirme, y Tom se preparaba para dejar su trabajo, pero no sab?a a d?nde ir despu?s. Al final de la peregrinaci?n, Tom hab?a decidido inscribirse en un curso de teolog?a. Yo no consegu? encontrar una orden religiosa. En cambio, mientras visitaba Polonia con mi grupo de peregrinos, me encontr? pensando en Tom y en que no me parec?a correcto visitar su tierra natal sin ?l.
Poco despu?s de volver a casa, me di cuenta de que realmente necesitaba rezar sobre la voluntad de Dios con respecto a mi relaci?n con Tom, as? que comenc? una novena. Ese mismo d?a, Tom me invit? a acompa?arlo a una novena del Rosario de cincuenta y cuatro d?as por una intenci?n particular: 27 d?as para rezar por la intenci?n y 27 d?as para dar gracias. Acept?, pero a?ad? mi segunda intenci?n secreta para nuestra relaci?n.
A los veintisiete d?as de esa novena, Tom y yo est?bamos en un retiro de liderazgo. Tom ayudaba a dirigir el retiro mientras yo serv?a en la cocina. Pas? a escucharle dar una charla y me sorprendi? lo mucho que hab?a crecido. Realmente se estaba convirtiendo en un hombre de Dios. Pens?: «He aqu? un hombre al que podr?a confiarme». Result? que ?l compart?a la misma intenci?n en la Novena. Cuando reanudamos el noviazgo, sent? una paz total porque ambos busc?bamos la voluntad de Dios, as? que no hab?a nada que temer.
Para abreviar la historia, Tom y yo nos comprometimos en la solemnidad de la Asunci?n de Nuestra Se?ora. Tom me dijo que hab?a elegido ese d?a, no s?lo porque amaba a la Virgen, sino porque indicaba la meta del matrimonio que ?l me propon?a: El Cielo. Nos casamos el s?bado de Pascua, o sea, la v?spera del domingo de la Divina Misericordia, y rezamos para que nuestro matrimonio pudiera dar testimonio del poder transformador de la Misericordia de Dios. Dios hab?a tomado el desastre que hab?amos hecho de nuestra relaci?n la primera vez y lo hab?a convertido en algo completamente nuevo.
El matrimonio es un compromiso, una vocaci?n, una uni?n. Cuando hicimos el compromiso de amarnos ante el altar, fue hasta que la muerte nos separe. Aqu? es donde realmente aprendemos sobre el amor. Dios no suele pedirnos que muramos por nuestro c?nyuge, como hizo Jes?s por nosotros: Su Iglesia, pero nos pide que muramos a nosotros mismos perdon?ndonos mutuamente en peque?as maneras cada d?a. El matrimonio tiene que estar basado en el perd?n amoroso. Dios nos perdon? incluso antes de que pidi?ramos perd?n. Nos dijo: «?mense los unos a los otros. As? como yo los he amado». Cuando lo imitamos y perdonamos sin rencor, entonces compartimos el verdadero amor en una relaci?n centrada en Cristo. Esa relaci?n durar? hasta la eternidad.
Shalom Tidings
Want to be in the loop?
Get the latest updates from Tidings!