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Una oraci?n poderosa para abrir la puerta de la Misericordia, y toma solo 7 minutos
Era un d?a c?lido y agradable. El musgo que colgaba de los enormes robles de agua en nuestro patio delantero volaba de lado espolvoreando la hierba con escombros. Acababa de revisar el buz?n cuando Lia, una de mis mejores amigas, se detuvo en el camino de entrada. Se apresur? a acercarse y pude ver en su rostro que estaba extremadamente afectada.
?Mi mam? fue al hospital hace dos noches. Sus c?lulas cancerosas se han diseminado desde sus pulmones hasta su cerebro?, dijo Lia.
Los hermosos ojos marrones de Lia brillaban con l?grimas que corr?an por sus mejillas.
Verla fue desgarrador. Tom? su mano.
«?Puedo ir contigo a verla?», Le pregunt?.
«S?, ir? esta tarde», dijo.
«Est? bien, te ver? all?», le dije.
Cuando entr? a la habitaci?n del hospital, Lia estaba junto a la cama de su madre. Su madre me mir?, su rostro se contrajo por el dolor.
?Espero que est? bien que haya venido a verte», le dije.
«Por supuesto. Es bueno verte de nuevo», dijo.
«?Has tenido noticias de ese sacerdote amigo tuyo?», Pregunt?, con voz d?bil pero amable.
?S?, hablamos de vez en cuando? dije.
«Estoy tan contenta de haber podido verlo ese d?a», dijo.
Lia y yo hab?amos sido parte de un grupo de oraci?n del Rosario que se reun?a todas las semanas alrededor del tiempo en que su? madre recibi? su primer diagn?stico. Un sacerdote, conocido por sus dones espirituales, hab?a venido a una de nuestras reuniones y est?bamos ansiosos para se uniera a nosotros en oraci?n y escuchara nuestras confesiones.
La madre de Lia fue criada como Cat?lica, pero cuando se cas?, decidi? integrarse a la familia de su esposo y adoptar su fe griega ortodoxa. Sin embargo, a lo largo de los a?os, se sinti? cada vez menos en casa en ambas comunidades religiosas. Preocupada porque su madre hab?a estado lejos de la Iglesia y los sacramentos durante tantos a?os, Lia la invit? a nuestro grupo de Rosario para que pudiera conocer a nuestro sacerdote especial.
No fue hasta que el sacerdote se estaba preparando para irse que la mam? de Lia finalmente entr? por la puerta trasera. Lia me lanz? una sonrisa de alivio. Su mam? y el sacerdote hablaron solos durante unos veinte minutos. M?s tarde, Lia me llam? para decirme que su madre no ten?a palabras suficientes para expresar lo amable y cari?oso que hab?a sido el sacerdote con ella. Ella le dijo a Lia que despu?s de hablar, ?l hab?a escuchado su confesi?n y ella se hab?a llenado de paz.
Ahora, acostada en la cama del hospital, ya no se parec?a a ella. El color de su piel y la mirada de sus ojos revelaban el cansancio y el sufrimiento, los estragos de una enfermedad prolongada y progresiva.
?Me preguntaba si les gustar?a orar juntos?, le pregunt?. ?Hay una oraci?n especial llamada La Coronilla de la Divina Misericordia. Es una oraci?n poderosa que Jes?s le dio a una monja llamada Sor Faustina para que fuera difundida Su misericordia por todo el mundo. Tarda unos siete minutos y una de las promesas de la oraci?n es que aquellos que la recen entrar?n por la puerta de la misericordia en lugar del juicio. Yo la rezo a menudo?, dije.
La mam? de Lia me mir? con una ceja levantada.
«?C?mo puede ser verdad?» ella pregunt?.
«?Qu? quieres decir?» Dije.
??Me est?s diciendo que si un criminal implacable hace esa oraci?n minutos antes de morir, entra por la puerta de la misericordia en lugar del juicio? Eso no parece correcto «, dijo.
?Bueno, si un criminal implacable se toma el tiempo de rezarlo y rezarlo con sinceridad, entonces debe haber esperanza en ?l, a pesar de todo lo que haya hecho. ?Qui?n puede decir si el coraz?n se abre a Dios y cu?ndo? Creo que donde hay vida hay esperanza?.
Ella me mir? fijamente.
Yo continu?. ?Si su hijo fuera un criminal empedernido, ?no lo amar?a aunque odiara sus cr?menes? ?No esperar?as siempre su cambio de opini?n debido al gran amor que le tiene? »
«S?», dijo d?bilmente.
?Dios nos ama mucho m?s de lo que podr?amos amar a nuestros hijos y siempre est? listo para entrar en cualquier coraz?n con Su misericordia. Espera esos momentos con paciencia y con muchas ganas porque nos ama mucho ?.
Ella asinti?.
«Eso tiene sentido. S?, lo rezar? contigo ?, dijo.
Los tres rezamos juntas la Coronilla de la Divina Misericordia, charlamos unos minutos m?s y luego me fui.
M?s tarde esa noche, Lia me llam?.
«La enfermera de mi mam? me llam? para decirme que, justo despu?s de que yo dejara el hospital, mam? perdi? toda lucidez».
Lloramos juntas, oramos y esperamos la recuperaci?n de su madre.
La mam? de Lia muri? unos d?as despu?s.
La noche de su muerte tuve un sue?o. En mi sue?o, entr? en su habitaci?n del hospital y la encontr? sentada en la cama con un hermoso vestido rojo. Se ve?a radiante, llena de vida y alegr?a, sonriendo de oreja a oreja. La noche del velorio cuando me acerqu? al ata?d para presentar mis respetos, ?me sorprendi? verla con un vestido rojo! Los escalofr?os recorrieron mi columna vertebral. Nunca hab?a estado en un velorio en el que el difunto vistiera un vestido rojo. Fue muy poco convencional y completamente inesperado. Despu?s del funeral, agarr? a Lia y la lleve a un lado.
«?Qu? te hizo ponerle un vestido rojo a tu mam??» Yo pregunt?.
?Mi hermana y yo lo discutimos y decidimos que le pondr?amos a mam? su vestido favorito. ?Crees que no deber?amos haberlo hecho? ella pregunt?.
«No, no es eso. La noche en que muri? tu mam? so?? que entr? en su habitaci?n del hospital, la encontr? sentada sonriendo de oreja a oreja … ?y con un vestido rojo! » le dije. Lia qued? boquiabierta y sus ojos se abrieron.
«?Qu?? No hay manera ?, dijo.
?S?, hay manera?, dije.
Con l?grimas corriendo por sus mejillas, Lia dijo: ?T? y yo fuimos las ?ltimas personas que vio antes de que su cerebro se apagara. ?Y eso significa que lo ?ltimo que hizo fue rezar la Coronilla de la Divina Misericordia! » Agarr? a Lia y la abrac?.
?Estoy muy agradecida de que vinieras conmigo ese d?a, que oraramos con mi mam? y de haber estado con ella antes de que perdiera el conocimiento?, dijo.
«No puedo creer el hecho de que la viste en tu sue?o tan feliz y con un vestido rojo. Creo que Jes?s nos est? diciendo que ella realmente entr? por la puerta de la misericordia?. «Gracias Jes?s.», dijo
?Am?n?, respond?.
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?Adicto, insomne, ansioso y te sientes perdido? An?mate, hay esperanza.
«Hay esperanza.» Estas fueron las ?ltimas palabras que me dijo mi padre antes de morir a la edad de 77 a?os. Estas palabras me ser?an dichas dos veces m?s y cambiar?an mi vida. Me llevar?an de una vida de adicci?n a ser disc?pulo de Jes?s dirigiendo una organizaci?n ben?fica para adictos en recuperaci?n, donde la buena nueva del Evangelio toma forma como una existencia cotidiana y tangible, dando esperanza a todos los que buscan la verdad.
d?jame empezar por el principio. Nac? como el menor de 6 hermanos en lo que ustedes considerar?an una familia cat?lica normal de clase media donde recib? los fundamentos de la fe cat?lica. Pero a pesar de esta s?lida base en La Iglesia, tuve problemas de disciplina, comprensi?n y oraci?n. Asist? a misa, pero mi fe era d?bil.
Cuando llegu? a la adolescencia, estaba decayendo r?pidamente, y cuando fui a la universidad, todo lo que quer?a hacer era tocar m?sica en vivo en una banda de rock. So?? con ser un h?roe de la guitarra mientras disfrutaba de la vida de fiesta.
Logr? reconocimiento, al menos localmente, pero para funcionar siempre necesitaba una sustancia intoxicante dentro de m?. Mi sustancia preferida se convirti? en alcohol, aunque luego me volv? dependiente de muchas sustancias. Pasaron los a?os y beb? cada vez m?s, ya fuera feliz o triste, enojado o en paz, beb?a. En casa o fuera de casa, en concierto o levant?ndome para trabajar al d?a siguiente, no hab?a ninguna diferencia. Yo era dependiente del alcohol, pero no me di cuenta ni lo admit? durante muchos a?os.
Despu?s de la muerte de mi padre, mi ansiedad se elev? a niveles nuevos. Abusaba de los medicamentos recetados, desde bloqueadores de ansiedad hasta pastillas para dormir, analg?sicos y antidepresivos. Mi vida estaba fuera de control. Fui hospitalizado varias veces durante varios a?os, y una vez pas? una semana desintoxicando m?dicamente del alcohol. Fue entonces cuando escuch? esas palabras por segunda vez. Me despert? en mi cama del hospital delirando y balbuceando, pero una enfermera me tomaba la mano y me dec?a: «Mark, est? bien, hay esperanza».
Pasaron unos a?os, y estoy en el mismo hospital, solo que esta vez estoy en una sala despu?s de admitir pensamientos suicidas. Mi cuerpo era una mezcla t?xica de drogas, analg?sicos y alcohol. Me di cuenta del paciente en la cama a mi lado que estaba hablando con su compa?ero por tel?fono, y todo lo que dec?a me irritaba. Esa conversaci?n se enred? con voces que escuch? en mi propia cabeza y que durante a?os me hab?an condenado. Inexplicablemente, de repente sent? la necesidad de matar al hombre en la cama a mi lado. Me qued? all? hasta la medianoche pensando que, sin alcohol o pastillas para dormir, no podr?a dormir. Me enoj? extremadamente.
Creci? la necesidad de violentar al hombre que estaba a mi lado. Me imagin? ahog?ndolo. ?Ten?a ganas de estrangular a alguien? Quiz?s lo hice. Pens? en ponerle una almohada sobre la cabeza y dejarlo sin aliento. Me imagin? golpe?ndolo lo m?s fuerte posible y dej?ndolo inconsciente. Entonces, me contuve. ?Espera, ?acabo de asesinar a un hombre inocente en una cama de hospital? No una, ni dos, sino tres veces. ?Qui?n era yo? ?En qu? me hab?a convertido? ?Hab?a matado a un hombre en mi coraz?n tres veces! »
Dirig? mi ira hacia Dios. ?Creo en ti, y ahora necesitas ayudarme?, llore. Pero tambi?n lo culp?. «?Por qu? me creaste solo para atormentarme y enviarme al infierno?»
Me di cuenta de que estaba d?bil y que no ten?a fuerza para otra pelea. Debido a que hab?a agotado toda mi fe en la humanidad, necesitaba algo o alguien a quien aferrarme. Deb?a tener esperanza. Hab?a intentado docenas de veces limpiarme por mi cuenta, pero siempre ten?a el mismo resultado. Ahora hice algo que no hab?a hecho en muchos a?os. Aunque me hab?a alejado de Dios y de la fe de mi infancia, record? mis oraciones y comenc? a orar. ?Me entrego a Ti, Jes?s. S?lvame. S? que eres mi Dios y Salvador, ?ay?dame! » Segu? rezando. Comenc? a citar las Escrituras: «Pide y recibir?s». Dije: ?Se?or Jes?s, estas son tus palabras. Te estoy citando, as? que debes escucharme. Estas no son mis palabras, sino las tuyas?. Sab?a que estaba citando la Biblia y sab?a que era verdad, pero no ten?a idea de qu? pasaje era.
Ahora s? que estaba citando Mateo 7: 7: ?Pidan y se les dar?; Busca y encontraras; llama a la puerta y se te abrir?. Las ?ltimas palabras de mi padre hab?an sido «Hay esperanza» y aqu? estaba citando Mateo 7: 7.
Alrededor de las 7:00 am, me despert? con el sonido de una enfermera pregunt?ndome si quer?a una taza de t?. ?Hab?a dormido siete horas! La mayor?a de la gente sabe que un hospital no es un lugar para dormir bien por la noche, pero all? me estaba retirando del alcohol, las pastillas para dormir y todo tipo de otras sustancias y acababa de dormir la mejor noche en a?os. Mientras la enfermera me ofrec?a t? y tostadas, escuch? otra voz murmurar: «Hay esperanza». ?Fue la enfermera o Dios me estaba hablando? Decid? que Jes?s hab?a respondido a mis oraciones: hab?a dormido durante horas y de nuevo estaba escuchando: «Hay esperanza».
Pero lo m?s importante es que algo hab?a cambiado, algo profundo. Mi ansiedad se hab?a ido y ten?a una leve sensaci?n de felicidad y alegr?a. No estaba seguro de qu? lo caus?, pero los demonios que me hab?an atormentado durante muchos a?os se hab?an ido.
Este fue el comienzo del milagro de mi conversi?n, el primero de muchos. Me qued? all? en total paz y le di las gracias a Jes?s. Mi viaje con Jesucristo comenz? ese d?a y contin?o caminando el camino en el cual El me sigue guiando.
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?Camino por fe, no por vista?, dice sonriendo Mario Forte mientras comparte un asombroso testimonio de vida.
Nac? con glaucoma, as? que al comienzo de mi vida, apenas ve?a parcialmente con el ojo izquierdo y absolutamente nada con el derecho. A lo largo de los a?os, he tenido m?s de 30 cirug?as, la primera cuando ten?a solo tres meses … A la edad de siete a?os, los m?dicos me extirparon el ojo derecho con la esperanza de mantener la vista en mi ojo izquierdo. Cuando ten?a doce a?os, me atropell? un autom?vil mientras cruzaba la calle de camino a casa desde la escuela. Al salir disparado por el aire, cre? que era Superman por un momento. Ca? fuertemente y termin? con un desprendimiento de retina, entre otras cosas, tuve tres meses fuera de la escuela recuper?ndome y someti?ndome a m?s operaciones, as? que tuve que repetir el s?ptimo grado.
Todo es posible
De ni?o, la ceguera era normal para m? porque no pod?a compararla con ninguna otra cosa, pero Dios me dio una idea. Desde muy temprana edad, antes de recibir cualquier instrucci?n oficial, hablaba con Dios, como con cualquier otra persona porque estaba acostumbrado a comunicarme con personas que no pod?a ver.
Solo lograba distinguir la diferencia entre la luz y la oscuridad, pero un d?a, en un abrir y cerrar de ojos, todo se volvi? negro, como una luz que se apaga. Aunque he estado en total oscuridad durante m?s de 30 a?os, la gracia de Dios me ha dado el valor para seguir adelante. Ahora, no es la luz f?sica lo que veo, sino la luz de Dios en el interior. Sin ?l, no ser?a mas que un trozo de madera. El Esp?ritu Santo hace todo posible.
A veces, la gente incluso se olvida de que soy ciego porque puedo moverme por la casa, manejar una computadora y cuidar de m? mismo. Esto es gracias a mis padres que siempre me animaron a hacer las cosas por mi cuenta. Mi padre era un electricista que me llevaba consigo para ayudarme a comprender su oficio, incluso me hizo instalar tomas de corriente e interruptores. Me ense?? a pensar de forma l?gica para que pudiera adaptarme e improvisar cuando las cosas salieran mal. Mi madre, con su naturaleza cari?osa y amorosa, sembr? las semillas de mi fe. Ella se asegur? de que rez?ramos juntos el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia todos los d?as, para que esas oraciones quedasen grabadas en mi memoria.
Me permitieron graduarme con ?xito con un t?tulo en inform?tica. Con su ayuda, contactaba a tutores para obtener el esquema del curso antes de que comenzara el trimestre. Luego ?bamos a la biblioteca a copiar todos los materiales relevantes para que la Royal Blind Society pudiera transcribirlos por m?.
Una llamada superior
En mi adolescencia, tuve una experiencia extraordinaria cuando Dios me llam?. En ese momento, todav?a ten?a algo de vista en mi ojo izquierdo. Un d?a, mientras oraba en la iglesia, el altar mayor se ilumin? de repente con una luz intensa y una voz interior me habl? con ternura, diciendo: ?Ven, ven a m??. Esto sucedi? tres veces. Desde entonces, he sentido Su mano protegi?ndome con un amor y misericordia que no merezco.
Este llamado me llev? a considerar si ser?a posible convertirme en sacerdote o di?cono. Desde luego era poco realista, pero mis estudios de teolog?a profundizaron mi fe. Comenc? a liderar la devoci?n a la Divina Misericordia en un grupo carism?tico de oraci?n con el apoyo del p?rroco. A pesar de todos los contratiempos que he sufrido, estoy agradecido de poder estar al servicio del Se?or y las personas que he conocido a trav?s de los eventos que organizo, las devociones a la Divina Misericordia, la adoraci?n durante toda la noche y 40 D?as por la Vida, tambi?n me han ayudado. Despu?s de la muerte de mis padres, mi hermana y mi sobrina se han convertido en mi familia y me ayudan semanalmente con las tareas dom?sticas y las necesidades especiales de transporte.
En lo profundo de mi coraz?n
Los hechos m?s tr?gicos de mi vida no son la p?rdida de mi vista sino la p?rdida de mis parientes m?s cercanos, por lo que estoy especialmente agradecido a estos amigos que me acompa?an al cementerio para compartir algo de comer junto a las tumbas de mis seres queridos y rezar la Coronilla de la Divina Misericordia por sus almas. Intento concentrarme en lo positivo, en lo que tengo, en lugar de lo que me falta. Me esfuerzo por hacer lo mejor que puedo para cumplir los mandamientos de Dios sobre el amor. Todos los d?as, estoy decidido a poner la voluntad de Dios en primer lugar y poner el Evangelio en acci?n.
San Pablo dijo: «Por fe caminamos, no por vista». (2 Corintios 5: 7.) A menudo bromeo diciendo que literalmente hago esto. Ese peque?o verso dice mucho. No veremos los frutos de nuestro trabajo en esta vida. Es un gran gozo trabajar en la vi?a de Dios. Jes?s sufri? y muri? por m?. Cada persona puede decir esto. Cualquiera que quiera conocerlo puede venir a recibir al Se?or. Doy gracias y alabo al Se?or por habernos dado la oportunidad de recibir Su gloriosa presencia en nuestro ser. Su Palabra viva puede revivirnos con la esperanza de la Resurrecci?n, para que podamos vivir cada d?a en Su presencia y cumplir Su mandato de amar. En mi coraz?n, canto ?Aleluya!
Dios eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasi?n inagotable; M?ranos con bondad y aumenta Tu misericordia para que en los momentos dif?ciles no nos desesperemos, sino que nos sometamos con gran confianza a Tu santa voluntad, que es el amor y la misericordia mismos. Am?n.
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En ese momento sent? como que la Madre Sant?sima me hab?a envuelto en su
En 1947, nac? en un peque?o pueblo de Italia, cerca de Casalbordino, el sitio de la aparici?n de «Nuestra Se?ora de los Milagros». El d?a que nac? cae entre el d?a de la fiesta de «Nuestra Se?ora de los Milagros» y la fiesta de San Antonio, entonces por esa raz?n mis padres me nombraron Mar?a Antonia.
Emigramos a Canad? cuando ten?a 7 a?os. Mis padres no eran ?vidos asistentes a la iglesia, pero se aseguraron de que nosotros sigui?ramos la fe cat?lica, adem?s yo no prest? mucha atenci?n a la importancia y el significado de Nuestra Se?ora hasta que mis padres visitaron Medjugorje en 1983. Mi mam? estaba muy afectada por la experiencia, as? que vino a casa y nos cont? lo que estaba pasando all?. Entre los rosarios, las medallas, los anillos y las baratijas que trajo de vuelta hab?a una peque?a tarjeta postal con una foto de la Virgen rodeada de los seis visionarios.? Cada vez que yo entraba en su dormitorio, ve?a esta imagen en un peque?o estante en la esquina de su cocina, y me toco sinceramente. Pod?a sentir a la Virgen mir?ndome al coraz?n.
En 1995, mientras ve?a un video sobre los acontecimientos en Medjugorje, sent? que la Virgen me preguntaba: «?Cu?ndo vienes? Soy tu madre y te estoy esperando.» Al a?o siguiente, o?mos hablar de un peregrinaje desde Calgary hasta Medjugorje y me sent? obligada a inscribirme. Debido a la guerra en Bosnia, muchas personas se retiraron del peregrinaje por temor a lo que pudiera pasar, pero yo estaba determinada a ir.
En Medjugorje, sent? una profunda confirmaci?n de que la Virgen me estaba llamando. Un d?a, conoc? al Padre Slavko Barbaric, quien me mir? y me dijo: «Cuando te vayas a casa, me gustar?a que inicies un grupo de oraci?n y las oraciones tienen que estar dirigidas a ayudar a la familia porque la familia est? en crisis hoy». Despu?s de regresar, comenzamos la Hora de oraci?n en San Buenaventura. Cada a?o, llegan m?s personas que se unen a nosotros para orar.
Visit? Medjugorje seriamente comprometida a hacer cambios dr?sticos. Sab?a que necesitaba una profunda conversi?n de coraz?n, as? que busqu? la ayuda de Nuestra Se?ora para entender mejor la Escritura, para crecer en mi vida de oraci?n y para una experiencia con alegr?a y amor en mi coraz?n mientras rezaba el Rosario. Todas estas bendiciones, y m?s, fueron otorgadas.
Durante ese tiempo, pens? que era solo «mi» peregrinaci?n porque no me di cuenta de que nuestra Se?ora me estaba invitando a traer m?s personas a ella. En 1998 el padre Slavko hab?a insistido que yo trajera a mi marido, as? que fuimos juntos. Me sent?a llamada a traer m?s personas a nuestra Se?ora, pero le ped? a nuestra Se?ora una se?al para confirmarlo. Poco despu?s, dos se?oras se me acercaron, buscando mi ayuda para ir a Medjugorje. Cada a?o desde entonces, tengo una conversaci?n ?ntima con nuestra Se?ora sobre si debo ir de nuevo. Cada vez recibo la respuesta de que hay m?s personas que necesitan recibir gracia y bendiciones del Se?or con la ayuda de Nuestra Sant?sima Madre, que est? llena de gracia…
Nuestras vidas no han sido perfectas y tambi?n hemos tenido momentos que ponen a prueba nuestra fe. Hace ocho a?os, recibimos noticias que nos impactaron. Mi hija fue diagnosticada con leucemia. Inmediatamente nos dirigimos al Se?or, pero estando en tal p?nico, fue dif?cil enfocarnos en Dios y en lo que ?l puede hacer por nosotros. Un d?a en particular, pasamos por un momento muy dif?cil. Se hab?a desarrollado un co?gulo en el puerto, entonces no se pod?a administrar medicamentos y los m?dicos ten?an que averiguar c?mo tratarla.
Como de costumbre, llevamos nuestras preocupaciones a la presencia del Se?or en la Capilla de la Adoraci?n para recibir su consuelo. Mir? hacia arriba al Se?or y le pregunt? por qu? le estaba pasando esto a nuestra hija y ??por qu? nosotros?? Muy claramente, le escuch? responder «?por qu? no tu?» Me di cuenta de que ?l pas? por un sufrimiento tan terrible y ?l nos acompa?aba en nuestro sufrimiento, para que pudi?ramos crecer en Su amor. En ese momento, sent? que la Madre Bendita me envolvi? en su manto, manteni?ndome cerca igual como ella hab?a sostenido a su Hijo despu?s de Su nacimiento y despu?s de Su muerte.
Cuando regresamos al hospital, nuestra hija estaba rodeada por un equipo de personas que resolv?an los problemas que imped?an su tratamiento. Me sent? segura de que nuestras oraciones hab?an sido escuchadas. Nuestro Se?or y Nuestra Se?ora estaban all?. Todo lo que ten?amos que hacer era confiar. Todo iba a estar bien. Siempre estar?an en nuestra vida, cuidando de nosotros. El a?o pasado, nuestra hija celebr? su 25 aniversario de bodas. Dios ha sido tan bueno con nosotros.
Nuestra Se?ora en Medjugorje nos dio 5 piedras para construir el fundamento de nuestra fe:
1. Rezar todos los d?as, especialmente el Rosario.
2. Leer las Escrituras todos los d?as, para recibir la Palabra de Dios.
3. Participar en la Santa Misa con la mayor frecuencia posible, si no todos los d?as, al menos los domingos.
4. Recibir la sanaci?n y el perd?n del Se?or en el Sacramento de la Penitencia, al menos una vez al mes sin falta.
5. Ayunar con pan y agua los mi?rcoles y viernes.
Esto no es f?cil, especialmente si eres nuevo en ello. Toma mucho tiempo construir estos h?bitos y el aguante para seguirlos, pero Nuestra Se?ora sigui? anim?ndonos. Lo que m?s me sorprendi? fue que cuando fuimos m?s consistentes en rezar el Rosario, pudimos practicar las otras piedras m?s f?cilmente. El Rosario nos ayud? a tener la confianza de ponerlos en nuestra vida cotidiana y desarrollarlos en una rutina de la que hemos crecido para amar y depender. Se ha convertido en una presencia diaria en nuestras vidas.
Muchos de sus mensajes nos dicen, no puedo lograr el plan de Dios sin ti. Te necesito. Dame tus problemas y reza por mis intenciones que son las de todas las personas que est?n rezando el Rosario. As? que cuando rezamos el Rosario por las intenciones de Mar?a nos sentimos conectados con todos. Hemos visto muchos cambios asombrosos a medida que las personas que vienen en las peregrinaciones regresan y se involucran en tantos ministerios vitales. Medjugorje ha sido una escuela de amor para m?. Ella es tan ?llena de gracia? que cuando nos unimos a ella en oraci?n, nos abrimos a todas las gracias y bendiciones que Nuestro Se?or tiene que ofrecer.
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Kim A-gi Agatha y su esposo no ten?an contacto con el cristianismo ni con la doctrina cat?lica, pues estos practicaban el confucianismo. Un d?a la hermana mayor de Agatha, una cat?lica devota, llego a visitarlos. Observando los adornos de su fe tradicional, incluido un gran cofre de arroz con tablillas ancestrales, le pregunt? a su hermana menor: ??Por qu? te aferras a estas cosas? ?No son m?s que superstici?n! »
Esta continu? y proclam? que el ?nico gobernante verdadero del mundo es Jesucristo. «Despierta de tu oscuridad», le dijo a su hermana, «y acepta la luz de la verdad».
La insistencia de su hermana despert? un gran anhelo en Agatha. Sabiendo que ser?a dif?cil ir en contra de su esposo y la tradici?n de su familia, no obstante, decidi? aceptar a Cristo y sufrir voluntariamente cualquier dificultad que pudiera surgir en su camino.
Agatha no era muy inteligente y, por mucho que lo intentara, no pod?a memorizar las oraciones de la ma?ana y de la tarde. Con el tiempo, se le conoci? como la mujer que no sab?a ni conoc?a m?s que a «Jes?s y Mar?a». Debido a su incapacidad para aprender la doctrina y las oraciones, Kim A-gi Agatha no se bautiz? inicialmente.
En septiembre de 1836, Agatha y otras dos mujeres fueron arrestadas por su fe cat?lica. Cuando la interrogaron, Agatha permaneci? firme y valientemente se par? ante sus torturadores diciendo: «No s? nada, solo conozco a Jes?s y Mar?a. No los rechazar?». Su valiente testimonio la llev? a ser la primera en ser bautizada en prisi?n durante la persecuci?n.
Junto con otros cristianos condenados, Agatha fue atada por los brazos y el cabello a una gran cruz erigida sobre una carroza de bueyes. En la cima de una colina empinada, los guardias obligaron a los bueyes a correr precipitadamente. El camino era brusco, con muchas piedras. Las carrozas tropezaron, causando gran agon?a a los valientes prisioneros que colgaban de las cruces. Tras este calvario, al pie de la colina, los verdugos decapitaron violentamente a cada uno de los santos m?rtires.
Agatha y otros ocho m?rtires recibieron su corona de gloria a la misma hora en que Jes?s exhal? su ?ltimo suspiro: las tres de la tarde. Casi cien a?os despu?s, Kim A-gi Agatha fue beatificada junto con los otros m?rtires el 5 de julio de 1925. Fueron canonizados en su Corea natal el 6 de mayo de 1984 por el Papa Juan Pablo II.
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??Est?s pasando por tensi?n financiera y deudas? Aqu? est? una soluci?n a todos tus problemas.
Desde la escuela secundaria, cuando le? sobre las quince promesas de la Virgen Mar?a a los que rezan el Santo Rosario, hice todo lo posible por rezar un Rosario todos los d?as. Como estudiante, me promet? que nunca cobrar?a a la gente por prestarles ayuda, especialmente si involucra el uso de mis talentos dados por Dios. Las palabras de gratitud de aquellos que se beneficiaron de mi ayuda me hicieron sentir m?s satisfecho que cualquier forma material de aprecio.
Giro Inesperado
Mientras era estudiante universitario en el Instituto cat?lico de ?frica Occidental (CIWA) en Estudios de Comunicaci?n y Comunicaciones Organizativas, yo esperaba que siempre tendr?a suficiente apoyo financiero de mi familia, porque ten?amos una estaci?n de servicio que vend?a productos petrol?feros. Por supuesto, es un negocio en auge en mi pa?s, Nigeria, as? que nunca anticip? ninguna falta de fondos. Pero cuando entr? en mi ?ltimo a?o como estudiante de pregrado, el gobierno federal marc? los locales de negocios de mi familia y otros edificios para la demolici?n para expandir un camino importante, prometiendo una compensaci?n generosa.
Como resultado de la demolici?n prevista, mi familia tuvo que cerrar el negocio y comprar otro sitio para reubicar la estaci?n de servicio, esperando que los pagos de compensaci?n cubrir?an el pr?stamo y el costo de la reconstrucci?n. Sin embargo, seis a?os despu?s, todav?a no se ha pagado ninguna indemnizaci?n. Esto afect? mi educaci?n, porque no pod?a pagar mis honorarios. Afortunadamente, mis otros hermanos ya hab?an terminado la universidad.
Peso del Estr?s
Dios siendo tan amable, yo ten?a algunos ahorros, lo que me permiti? pagar mis facturas para el ?ltimo a?o de mis estudios de pregrado. Con la expectativa de que pronto se pagar?a la compensaci?n, me inscrib? en un curso de maestr?a de dos a?os, pero esto nunca ocurri?, as? que el negocio familiar no pudo recuperarse. Al final de mi ?ltimo a?o de maestr?a ya hab?a acumulado una deuda de tres mil d?lares, y no podr?a graduarme antes de pagar cada centavo de la deuda.
El estr?s de mi deuda me pesaba f?sicamente, emocionalmente y psicol?gicamente. Me sent? incapaz de pedir ayuda a nadie porque no pod?a soportar el trauma de ser rechazado. Llegu? a beber alcohol y a pasar noches con amigos para evitar los constantes recordatorios de mi penuria que me asedia cuando estaba solo y no intoxicado. Algunos de mis amigos, que estaban sorprendidos por los cambios en mi estilo de vida, me preguntaron qu? estaba pasando, pero me sent? demasiado avergonzado de decirles.
Cuando el estr?s se volvi? insoportable, finalmente confi? en mi moderador de tesis, el profesor Oladejo Faniran, que tambi?n es el jefe de mi departamento, y un sacerdote cat?lico. Despu?s de revelar mis problemas, le ped? que aprobara mi solicitud de aplazamiento, para que pudiera remitirla al registrador de la escuela para su aprobaci?n. Se opuso, pidi?ndome que no renunciara. Me anim? a confiar en Dios, a rezar mi Rosario, a compartir los problemas con otros, y prometi? hablar con algunas personas en mi nombre. Esa noche, en vez de intoxicarme con alcohol como de costumbre, sal? a la oscuridad de la noche para orar el Santo Rosario. Con l?grimas en mis ojos, clam? mi coraz?n a Dios, pidiendo misericordia y ayuda.
El ?ltimo Encuentro
Con solo unas semanas para mi graduaci?n, encontr? el valor de revelar mi situaci?n a cualquiera que se interesara, incluyendo amigos, compa?eros de clase e incluso a mis conocidos de las redes sociales. Incluso los compa?eros estudiantes, que lo escucharon por parte de otros, vinieron a mi ayuda con contribuciones financieras que iban m?s all? de mi imaginaci?n. Para m?, el aspecto m?s milagroso de todo esto fue que nadie me rechaz?. La gente vino a mi rescate de maneras que nunca esperaba. Pude recaudar toda la suma, con dinero para ahorrar.
Anteriormente, siempre hab?a confiado en mi poder de voluntad por excelencia, pero cuando la presi?n se hizo insoportable, me di por vencido y me deprim?. Pero ahora que estoy volviendo a la oraci?n para ayudarme a hacer frente al estr?s, especialmente el Rosario de cada ma?ana, estoy lleno de una confianza tranquilizadora que me impulsa a dar lo mejor de mi? y esperar lo mejor.
Incluso cuando las cosas no salgan como esperaba y deseaba, mi esp?ritu seguir? siendo elevado y en paz. No me siento completo si pasa alg?n d?a sin rezar el Rosario, porque no puedo permitirme perderme las promesas de Jesucristo como se revela a trav?s de Su madre, la Sant?sima Virgen Mar?a. Mi encuentro diario con ?l en su Rosario contin?a contribuyendo significativamente a construir mi confianza en m? mismo, alimentando mis interacciones diarias y situ?ndome en un camino de vida responsable.
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Puede que te sientas perdido y solo. ?An?mate, porque Dios sabe exactamente d?nde est?s!
Sola en la ducha, pod?a gritar sin ser escuchada. El agua ca?a sobre mi cabeza mientras que la angustia romp?a mi coraz?n. Mi mente imaginaba lo peor, un peque?o ata?d y una p?rdida demasiado grande para soportar. Mi coraz?n dol?a, como si estuviera siendo atornillado. Era m?s que un dolor f?sico, pero me sent?a torturada con un sentimiento opresivo, similar a un ahogo. Este sentimiento invad?a mi ser. Nada pod?a aliviar el dolor y nadie pod?a consolarme.
El sufrimiento es parte de la condici?n humana, es inevitable. Una cruz particular ha sido creada para que cada uno de nosotros la cargue, pero yo no quer?a cargar ?sta. Me quejaba con desesperaci?n bajo su peso. ?Por favor, Dios, dame una cruz distinta, no ?sta. No puedo cargar ?sta. Tomar? cualquier dolor, cualquier enfermedad, cualquier cosa, pero no esto, no a mi hijo. Esta cruz es demasiado grande. No puedo, por favor,? Rogu?. Las n?useas me sobrecogieron. Vomit? y luego ca? al piso de la ducha, sollozando.
Mi ?no? fue in?til. Rendirme era el ?nico camino a seguir. Exhausta, or?, ?Si no me cambias ?sta cruz, Dios, por favor dame la fuerza para cargarla? (la imagen de un peque?o ata?d pas? por mi mente de nuevo)? sin importar d?nde me lleve. Ay?dame. No puedo hacer esto sin Ti.?
Mi dulce y peque?o hijo hab?a sido admitido al hospital en estado de gravedad. Por ocho a?os estuve junto a ?l en su cama de hospital. Su esp?ritu no hab?a sido amedrentado por su enfermedad pero ya no era el mismo. Moretones morados y rosas coloreaban sus mejillas, pasaban por el puente de su nariz y sobre sus brazos y piernas. La medicina que le daba un respiro hac?a que su cara y cuerpo se hincharan. Cuando ?l se dorm?a, que era muy poco, yo sollozaba hasta dormirme. Mis oraciones, mis esfuerzos para distraerlo, y el mecer su fr?gil cuerpo eran las ?nicas contribuciones que pod?a hacer en su batalla para sobrevivir. Le le?a y dibujaba caricaturas en una libreta de dibujo que le hab?an regalado antes de ser hospitalizado. Era terap?utico para ambos. A pesar de que nunca hab?a dibujado antes, en mis esfuerzos para darle un poco de alegr?a, descubr? que pod?a dibujar con facilidad.
Finalmente, mi hijo fue dado de alta del hospital con un plan de tratamiento, esperanza y oraciones para que alcanzara la remisi?n. Nuestra nueva normalidad se estableci?. Mi mam? sugiri? que yo explorara mi nueva capacidad de dibujo. Tomamos una clase de arte juntas en el estudio de bellas artes local. La maestra de arte nos pidi? que llev?ramos una foto que nos conmoviera. Yo eleg? una tarjeta de Navidad que mostraba a Nuestra Madre Sant?sima sosteniendo al Ni?o Jes?s. La profesora de arte pens? que como me faltaba experiencia y entrenamiento, deber?a dibujar algo m?s simple, como una flor. Me gir? en mi banco para mirarla, declarando ?Mi hijo deber?a est? muerto, pero est? vivo. Jes?s y la Virgen Sant?sima son todo lo que me interesa. Ellos son los que me mueven.? Abri? sus ojos grandemente. ?Oh, no ten?a idea sobre su hijo. Lo siento mucho. S?lo tenga cuidado con sus valores.? Estaba confundida. ??Qu? tienen que ver mi moral con mi dibujo?? Pregunt?. ?Me refiero a los valores de color claro y oscuro.? Me contest? gentilmente. ?Oh, est? bien? dije, un poco avergonzada.
Retorn? a mi caballete, cerr? mis ojos y or?. ?Ven Esp?ritu Santo, ay?dame a dibujar una pintura que ayude a otros a amar y a necesitar a Jes?s y a Mar?a como yo lo hago en estos momentos.? Mientras dibujaba, me apoy? en la fortaleza, amor y sabidur?a del Cielo para que me guiaran. Mi deseo encontr? su expresi?n en el arte. Cada nueva obra de arte era una oraci?n y un don de Dios.
Una ma?ana, mientras dejaba la Iglesia luego de la misa, un sacerdote visitante se me acerc?, diciendo ?Cuando estaba en casa de tu hermana, vi la pintura que hiciste de Cristo y el ?ngel en el Huerto de Getseman? durante La Agon?a. Me conmovi? profundamente. Tu hermana me cont? sobre tu hijo y c?mo descubriste inesperadamente tu habilidad para dibujar en medio de tu angustia. Tu arte de veras es una bendici?n que naci? del sufrimiento, es un don.?
?Gracias?, repliqu?, ?Lo es. Cuando miro atr?s veo que este don art?stico era un presagio.?
??Por qu?? ?A qu? te refieres?? Pregunt?.
?Dibujar me ha ense?ado a ver todo de forma distinta. Descubr? que el contraste de claro y oscuro en una pintura crea profundidad, riqueza y belleza. Sin la claridad, la oscuridad en una pintura es un abismo vac?o. La oscuridad del sufrimiento es como la oscuridad de una pintura. Sin la luz de Cristo, el sufrimiento amenaza con sumergirme en la profundidad de la desesperaci?n. Cuando finalmente entregu? mi dolor y mis circunstancias a Jes?s, ca? sobre sus brazos amorosos y me acog? a Su plan para mi vida. Entonces Cristo, el Artista Principal, us? la oscuridad de mi sufrimiento para enternecer mi coraz?n y hacer espacio para que la fe, la compasi?n, la esperanza y el amor crecieran dentro de m?. La luz de Cristo ilumin? la oscuridad y nos trajo bendiciones inexplicables a trav?s de los sufrimientos de mi hijo, mi matrimonio y nuestra familia.?
?Ahora entiendo. Verdaderamente es cierto. El arte imita la vida y el sufrimiento unido a Cristo trae grandes bendiciones. Gloria a Dios.? Exclam? el sacerdote.
Y yo contest? ?Am?n.?
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?Comienza de nuevo hoy y cambia tu vida para siempre!
Todos estos a?os
Luego de nueve a?os de formaci?n, recientemente profes? mis votos perpetuos como Hermana de la Sagrada Familia de Nazareth. Despu?s de la comuni?n en la misa de mis votos perpetuos, me sent? sobrecogida con emoci?n y una profunda gratitud. Fue como si Dios me otorgara mayor consciencia de todo lo que ?l hab?a estado cumpliendo a trav?s de m? con los a?os. Los dones y gracias de cada oraci?n, confesi?n, y recibimiento de la Eucarist?a se hac?an presentes en ese momento. Me sent?a impresionada por el amor incansable y duradero de Dios. Mientras me arrodillaba en oraci?n, pens? en lo inusual que es que alguien con mi historia y mis cualidades se convirtiera en esposa de Cristo. ?Pero nada es imposible para Dios?, record?.?
Crec? como cristiana bautista en Houston, Texas. Cuando ten?a ocho a?os, mi padre muri? por suicidio tras a?os de luchar contra la adicci?n a las drogas, y como mi madre no fue capaz de hacerse cargo de nosotros, mis hermanos y yo fuimos adoptados por mi t?a y mi t?o. Los siguientes diez a?os de mi vida me trajeron una consistencia y estabilidad que jam?s conoc? en los primeros ocho a?os de mi vida. Asist? a buenas escuelas, le? libros, jugu? futbol, cantaba en el coro de la Iglesia y de mi escuela y fui una chica normal.
Cuando ten?a dieciocho a?os le? un panfleto que promocionaba una escuela para ?libres pensadores? en Dallas, Texas, que me llev? a matricularme en la Universidad de Dallas. El hecho de que era una universidad cat?lica no pas? por mi mente. Pas? mucho tiempo de mis cuatro a?os universitarios consintiendo comportamientos pecaminosos para intentar curar mis heridas. No ten?a idea de c?mo afrontar el dolor que me causaba el abandono de mi madre. Mi consciencia se estaba formando lentamente en la Universidad de Dallas. Pas? un semestre en Roma y conoc? al Papa San Juan Pablo II, a qui?n yo amaba. Su comprensi?n de las cosas de Dios resonaba profundamente en m?. Me un? a un coro de m?sica lit?rgica en lat?n y me familiaric? m?s con la misa al cantar en cientos de liturgias eucar?sticas.
Hecha para Otro Mundo
Luego de mi graduaci?n mi vida consist?a en trabajar durante el d?a y visitar bares o salir con amigos en la noche. Eventualmente sent? que algo me hac?a falta; porque ?si ninguna experiencia de este mundo puede satisfacer mis deseos, entonces probablemente fui creada para algo m?s que este mundo.? Ah? fue que empec? a buscar una fe m?s profunda. Quer?a ser como las mujeres de Dios que me criaron. Para mi sorpresa, cuando lleg? el momento de decidir a qu? iglesia asistir?a, me encontr? a m? misma deseando ir a misa. Dud? en convertirme al catolicismo porque hab?a muy pocos afroamericanos en la Iglesia Cat?lica. Pero el deseo de recibir a Jes?s en la Eucarist?a me atrajo a la Iglesia.
Convertirme al Catolicismo no lo arregl? todo, a?n segu?a consintiendo a situaciones de pecado, pero me encontr? a m? misma constantemente en el confesionario. Estaba luchando emocional y espiritualmente. A pesar de que sent?a que me estaba matando a m? misma espiritualmente (y f?sicamente?mi peso estaba cerca de las 400 libras), en mi vida personal estaba alcanzando metas que nunca me hab?a imaginado. Durante esa lucha, regres? a Roma y fui a confesarme y asist? a misa en la Bas?lica de San Pietro. El consejo de mi confesor de ?comenzar de nuevo? ese d?a lo cambi? todo. Dentro de un a?o luego de empezar a discernir una vocaci?n religiosa y tres a?os luego de esa confesi?n me hice novicia en la comunidad de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazareth.?? ? ??
Una historia de amor
Once a?os despu?s de esa confesi?n le di mi ?s?? a Jes?s en una forma que no cre?a posible. Mis heridas y mi verg?enza me hab?an llevado a cometer el error tan com?n que C.S. Lewis explica: ?Solos creaturas ap?ticas; nos ponemos a tontear con el licor y el sexo y las ambiciones, cuando la alegr?a infinita nos es ofrecida, como un ni?o ignorante que se pone a jugar con lodo en un chiquero porque no puede imaginar lo que es pasar unas vacaciones en el mar. Nos conformamos muy f?cilmente.? No solo me conformaba muy f?cilmente, sino que tambi?n comet?a el error de ver mi vida bajo la luz de mis luchas internas en vez de verla bajo la luz de Aquel que me ama.
Durante mi postulado, una Hermana septuagenaria que estaba d?ndonos una clase sobre la vida espiritual nos dijo ?Amo tener mi edad. No querr?a jam?s ser m?s joven ni quisiera volver a mi juventud. Tengo todos estos a?os con Jes?s. Tengo todas estas experiencias. No querr?a cambiar eso por nada.? Seguramente, ella hab?a conocido el fracaso, los errores y el pecado, pero mezclado con todo eso hab?a un amor constante por Jes?s que hab?a convertido su vida en una historia de amor con Jes?s y un tesoro no comercializable.
Don de l?grimas
El d?a de mis votos perpetuos, mis l?grimas mezclaron el duelo con una gran sensaci?n de alegr?a y gratitud. A lo largo de mi vida, he experimentado p?rdidas, dolor, dificultades y pecado, pero el gozo era inevitable ya que el amor salv?fico de Cristo se hac?a manifiesto en la Eucarist?a. He llegado a conocer que la palabra final de nuestra historia de vida la tiene el mismo Cristo. San Juan dice. ?lo que fue en un inicio, aquello que hemos escuchado, aquello que hemos visto, aquello que hemos buscado y tocado con nuestras manos? Lo hemos visto y damos testimonio de ello.?
Mis l?grimas en ese d?a de mi profesi?n de votos perpetuos dieron testimonio del amor incansable de Cristo, contra viento y marea, en todos estos a?os.
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Cuando recobr? la conciencia, no sab?a d?nde estaba,?qu? d?a de la semana era o qu? edad ten?a.?Ese d?a todo se volvi? muy desconocido para mi.
Conducir? a los ciegos por un camino que no conocen, por sendas que no conocen los guiar?; cambiar? delante de ellos las tinieblas en luz y lo escabroso en llanura. Estas cosas har?, y no y no los abandonar? (Isa?as 42:16).
Debido a que nac? con una masa anormal en mi cerebro, comenc? a tener convulsiones cuando era una bebe. Me hab?a acostumbrado a que las convulsiones formar?an parte de mi vida regular, hasta que un nuevo tipo de convulsiones interrumpi? mi vida diaria.. Una ma?ana, estaba desayunando con mi mam? cuando repentinamente perd? la conciencia. Me ca? de la silla y tuve una convulsi?n que dur? de 10 a 15 minutos.
Perdida y Desesperada
Cuando recobre la conciencia, pude reconocer a mi mam?, pero no reconoc? la casa ni las cosas que me rodeaban. No sab?a d?nde estaba, qu? d?a de la semana era o qu? edad ten?a. En mi casa, no pod?a identificar mi recamara. Todo me parec?a muy desconocido. La convulsi?n me hab?a causado que perdiera una gran parte de mi memoria. Me sent?a perdida. Esto continu? por casi dos semanas, y me sent?a desesperada.
Una noche, en medio de mi desesperaci?n, mire a la imagen de la Divina Misericordia que colgaba de mi pared, y clam? al Se?or. Le ped? que me diera fuerzas, que me guiara, pero sobre todo que me sostuviera muy cerca de ?l. Se?or Jesus, no permitas que esta situaci?n me aleje de ti. Al contrario, por favor utiliza esto como una herramienta para acercarme m?s a ti. Jesus, en ti conf?o.
Esa misma noche, despert? a eso de las 2 de la madrugada y tuve una visi?n: Me vi a mi misma caer en un profundo abismo. Entonces, de repente, vi que una mano me sosten?a y evitaba que yo me siguiera hundiendo. Era la mano del Se?or. En cuesti?n de segundos, mi dolor y desesperaci?n se transformaron en paz y gozo. De all? en adelante supe que estaba en las manos del Se?or y me senti segura.
Dolor Repentino
Dos semanas despu?s de la convulsi?n, comenc? a recuperar recuerdos de mi infancia, pero la mayor?a de ellos eran dolorosos. Yo no quer?a recordar eso. Yo quer?a recordar solamente los momentos bellos y felices de mi vida. Al principio no entend?a porque estaba recuperando mayormente recuerdos dolorosos. Los neur?logos y psic?logos tendr?an una explicaci?n: los recuerdos con mayor impacto psicol?gico son los que mejor se graban en el cerebro. Pero la fe ten?a otra explicaci?n: El Se?or quer?a que yo identificara mis heridas y sanara.
Una noche, mientras hac?a mis oraciones de la noche, record? los nombres y las caras de las personas que me hab?an herido profundamente. Llor? con un profundo dolor, pero, para mi sorpresa, no sent? rabia ni resentimiento hacia ellos. En cambio, sent? la necesidad de orar por ellos y pedir por su conversi?n y arrepentimiento, y lo hice. M?s tarde me di cuenta de que hab?a sido el Esp?ritu Santo quien me hab?a incitado a orar por ellos porque quer?a sanarme. El Se?or estaba sanando mis heridas.
Una Respuesta Diferente
Tengo un diario, y comenc? a leerlo para recordar algunas cosas. Mientras lo le?a, me d? cuenta de que hab?a asistido a un retiro de crecimiento Shalom en Marzo, la semana antes de que comenzara el cierre por Covid-19. En el retiro, me rend? ante el Se?or y le ped? que dirigiera mi vida. M?s tarde, en Mayo, asist? a una Misa de Sanaci?n en mi parroquia local, y le ped? al Se?or que me ayudara a identificar mis heridas y a sanarlas.
Nunca me imagin? que el Se?or responder?a de tal manera. Para mi, la convulsi?n, la p?rdida de memoria y los dem?s acontecimientos fueron una respuesta perfecta de Dios a mis oraciones. Quiz?s se pregunten por que Dios respondi? a mis oraciones de tal manera, y mi respuesta es esta: cada momento de sufrimiento es una invitaci?n a acercarnos m?s a Dios, cada dificultad es una invitaci?n a confiar m?s en Dios, y cada situaci?n en la que perdemos el control es una invitaci?n a recordar que Dios es quien tiene el control y que Sus planes son mejores que los nuestros.
Un Paseo para Recordar
Esto es algo que nunca antes hab?a experimentado. Ciertamente el Se?or me llev? por una senda muy desconocida, pero ?l estuvo constantemente a mi lado. Aunque olvid? muchas cosas, ?l nunca permiti? que yo olvidara su amor. Las lecturas b?blicas diarias, las reflexiones, la imagen de la Divina Misericordia, los sue?os y las personas que oraban por m? eran un recordatorio constante de Su amor. Lo sent? caminar conmigo a lo largo del camino, lo cual hizo que esta senda desconocida se volviera suave y llevadera. Es por esto que las bendiciones fueron mucho m?s grandes que el sufrimiento.
Por casi un a?o, le hab?a servido al Se?or traduciendo art?culos Cat?licos y otros documentos, y pude continuar haci?ndolo durante estos meses. Aunque olvid? muchas cosas, no perd? la capacidad de traducir, y estoy muy agradecida por eso, porque me permiti? trabajar para Su reino durante los momentos de dificultad. Ahora, varios meses m?s tarde, ya he recuperado mucha memoria. A?n olvido cosas en ocasiones, y me he vuelto lenta en ciertas cosas, pero le doy gracias a Dios por la memoria que he recuperado y todas las bendiciones que he recibido durante estos meses.
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Si el Se?or te ha llevado por una senda desconocida, entr?gate a Su voluntad y p?dele que haga que los caminos se vuelvan suaves y llevaderos. Recuerda que Sus planes son mejores que los nuestros. ?l no me abandon? y a ti tampoco te abandonar?.
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?Es la ira o el resentimiento la ?nica forma de afrontar la infidelidad en tu vida? Sarah Juszczak descubre el camino menos transitado, a trav?s de su historia de dolor y triunfo.
El encuentro de los dos
Vengo de una familia italiana encantadora. Me cri? y crec? como cat?lica, pero durante mi adolescencia, aunque iba a misa los domingos, no viv?a realmente la fe.
Cuando ten?a diecis?is a?os, me un? a un grupo de j?venes y all? conoc? a Tomasz. Nos pidieron a Tom y a m? que dirigi?ramos un fin de semana para j?venes, as? que acabamos pasando mucho tiempo juntos tratando de organizarlo. Poco despu?s, comenzamos a ?salir?. Ninguno de los dos quer?a ponerle una etiqueta a nuestra relaci?n, no hab?a ninguna intenci?n.
Yo era bastante rebelde en mis a?os de juventud, cosa que Tom odiaba.? Al ser polaco, su fe cat?lica era importante para ?l y ten?a muchos valores tradicionales. Ninguno de los dos conoc?a realmente su fe ni la viv?a, y como ?l no entend?a realmente las razones de sus valores, no me result? dif?cil convencerle de lo contrario. No estaba claro hacia d?nde se dirig?a esta relaci?n y no era la m?s sana, pero nos preocup?bamos el uno por el otro.
Niebla en el cristal
Despu?s de casi tres a?os juntos, Tom y yo empezamos a pensar en el matrimonio. Tom estaba terminando la universidad y siempre hab?a so?ado con pasar unos meses viajando por Europa antes de conseguir un trabajo a tiempo completo. Yo estaba muy insegura al respecto, pero algo en mi coraz?n me dec?a que era importante. Este tiempo de separaci?n nos har?a m?s fuertes o nos separar?a.
Justo antes de que Tom se fuera a Europa, nos unimos a nuestro grupo de j?venes en la Jornada Mundial de la Juventud 2008 en Sidney. En ese momento de mi vida, me estaba dando cuenta de que mi vida de fe ten?a que cambiar. No pod?a seguir flotando en lo que era realmente un «ate?smo pr?ctico». Fui a la Jornada Mundial de la Juventud con esta pregunta en mi coraz?n: «Dios, si existes, mu?strate ante m?. Quiero conocerte».
Un par de charlas y experiencias realmente me impresionaron mucho esa semana. Una noche, en el tren de vuelta a casa, mientras reflexionaba sobre lo que hab?a escuchado, abr? el manual del peregrino con una cita de San Agust?n: «Nos has hecho para ti y nuestro coraz?n est? inquieto hasta que repose en ti». En ese momento, tuve una conciencia repentina y abrumadora de la presencia de Dios. Mi centro de gravedad cambi?. Supe que Dios era real, y que nada volver?a a ser igual.
Poco despu?s, Tomasz se fue a Europa y de repente tuve mucho tiempo libre. Escuch? charlas sobre la Teolog?a del Cuerpo, le? m?s sobre la vida de los santos y visit? semanalmente al Sant?simo. Los seis meses que Tom estuvo fuera fueron un tiempo de conversi?n para m?, que culmin? con un curso de formaci?n de l?deres juveniles de un mes de duraci?n. Durante ese tiempo, me di cuenta de que, si quer?a continuar en este camino con Dios, ten?a que dejar de lado las cosas que me alejaban de ?l para poder seguirle con todo mi coraz?n.
?La peor parte?
Con Tomasz lejos, en Europa, me preguntaba si las cosas funcionar?an para nosotros cuando ?l volviera a casa. ?l segu?a atrapado en un mundo que yo hab?a decidido dejar atr?s, y nuestros valores y prioridades estaban ahora muy alejados.? Segu? presentando esto en la oraci?n y rezando por Tom. Intent? plantar algunas semillas, y cuando algunos de sus planes de viaje se desbarataron, consegu? convencerle de que hiciera un desv?o a Lourdes, la cual fue una experiencia poderosa para ?l, pero todav?a no estaba preparado para hacer cambios.
Cuando volvi? de Europa, supe que deb?amos tener una conversaci?n sincera. Salimos a cenar y trat? de contarle algunas de las cosas que hab?an pasado en mi vida. Le dije que hab?a cosas que necesit?bamos cambiar en nuestra relaci?n. En su mayor parte parec?a estar de acuerdo, hasta que le dije que quer?a que dejara de ver pornograf?a. Apenas dud? antes de responder con un rotundo «No». Esto me sorprendi? bastante. Pens? que al menos estar?a abierto a ello. M?s tarde me dijo que estaba luchando con una adicci?n a la pornograf?a, aunque no era realmente consciente de ello en ese momento.
Mientras la niebla se desvanece
A medida que ?bamos contando nuestras experiencias durante el tiempo que estuvimos separados, le fue quedando claro que yo era diferente, y se sinti? algo inc?modo. Cuando le revel? que realmente quer?a rezar el Rosario con mi familia todos los d?as cuando estuviera casada, reaccion? muy fuertemente en contra. Yo intentaba desafiarle y animarle. Cuando le describ?a mi imagen de la vida familiar y c?mo esperaba vivir mi vida, ?l se opon?a. ?l ya no era lo m?s importante en mi vida, y eso no le gustaba nada.
Empec? a sentir que no deb?a estar en esta relaci?n, as? que le ped? al Se?or una respuesta. Sab?a que ?l quer?a que terminara con Tom, pero era dif?cil porque est?bamos muy comprometidos. Intent? terminar con ?l varias veces, pero para Tom era todo o nada. Lo amaba y no lo quer?a fuera de mi vida por completo. Le dije al Se?or que no ten?a suficiente fuerza para terminar la relaci?n yo misma. La ?nica manera de que sucediera era si Tom hacia algo grave, pero yo estaba segura de que eso no era posible.
Completamente ingenua
Poco despu?s, Tom vino a verme. Claramente estaba muy nervioso, pero finalmente se arm? de valor para confesar. Me hab?a estado enga?ando. Yo estaba destrozada. ?C?mo pudo haberme traicionado, cuando yo confiaba en ?l por completo? ?C?mo pudo mentir tan convincentemente, sin pesta?ear? ?C?mo pude ser tan ingenua?
Esta revelaci?n me hizo cuestionar muchas cosas que cre?a saber. Nunca pens? que Tom fuera capaz de enga?arme cuando yo me consideraba una buena juez de caracteres. Descubr? que ?l ten?a el h?bito de mentir y que lo hab?a hecho durante alg?n tiempo. Era terriblemente bueno en ello.
Naturalmente, me dej? de Tom de inmediato. Siempre he tenido un don para el drama, as? que esa noche empaqu? una caja con sus cosas y le llam? para que las recogiera. Cuando me encontr? con ?l fuera de mi casa, perd? completamente la cabeza. Me enfurec?. Para mi sorpresa, no intent? dar explicaciones ni defenderse, simplemente se tir? al suelo y llor?.
Abrazada por Dios
Es dif?cil articular lo que sucedi? en ese momento. Al ver llorar a Tom, toda la ira que hab?a en m? se disolvi? al instante. Me sent? tan conmovida por la compasi?n y el amor que me arrodill? junto a ?l y lo abrac?. S?lo puedo describir ese momento como una visi?n del Coraz?n del Padre. Sent? el amor y la misericordia de Dios fluyendo a trav?s de m? y vi que yo no era diferente a Tomasz. En ese momento, Dios me dio una visi?n de su propio Coraz?n cuando me abraz? y me perdon? mi propia infidelidad.
M?s tarde, Tomasz describi? esta experiencia de manera similar, como si hubiera sido Dios envolvi?ndolo en su abrazo misericordioso y amoroso. No soy una persona que se desprenda r?pidamente de las cosas, as? que la gracia de perdonar a Tomasz tan magn?nimamente vino definitivamente de Dios, no de m?.
Conectando los puntos
A pesar de que perdon? a Tom, ambos sab?amos que deb?amos seguir caminos separados. Tom dir?a m?s tarde que el haber terminado con ?l fue una de las mejores cosas que le pudieron pasar. Dios hab?a estado guiando a Tom en su propio camino, y necesitaba hacer esta parte sin m?. En ese desv?o a Lourdes, meses antes, experiment? que Dios lo guiaba. De hecho, Dios le gui? directamente al confesionario. Cuando empez? a sacar las cosas a la luz, recibi? la gracia de ser finalmente sincero conmigo.
Tras nuestra ruptura, Tomasz hizo un esfuerzo consciente por dar un giro a su vida. Empez? a visitar al Sant?simo y asistir a la Hora Santa con regularidad, acudi? a un sacerdote amigo nuestro para que le orientara, y finalmente se puso a escuchar los discos compactos (CD) sobre la Teolog?a del Cuerpo que yo le hab?a estado insistiendo desde su regreso de Europa.
Poco sab?a yo
Tom y yo estuvimos juntos tres a?os antes de terminar nuestra relaci?n y estuvimos separados durante tres a?os antes de que Dios nos volviera a unir. Durante ese tiempo, pudimos reconstruir nuestra amistad. Yo estaba terminando mis estudios, disfrutando de una nueva carrera en publicidad y comunicaciones y discerniendo una vocaci?n. Estaba bastante segura de que iba a ser religiosa. Tom se ganaba bien la vida como consultor de rehabilitaci?n, pero cada vez estaba m?s inquieto. Ambos quer?amos descubrir la voluntad de Dios para nuestras vidas.
La oportunidad de asistir a la JMJ 2011 en Madrid surgi? para cada uno de nosotros en peregrinaciones separadas. Ambos fuimos con la intenci?n de descubrir lo que Dios quer?a para nosotros. Yo esperaba encontrarme con la orden religiosa a la que deb?a unirme, y Tom se preparaba para dejar su trabajo, pero no sab?a a d?nde ir despu?s. Al final de la peregrinaci?n, Tom hab?a decidido inscribirse en un curso de teolog?a. Yo no consegu? encontrar una orden religiosa. En cambio, mientras visitaba Polonia con mi grupo de peregrinos, me encontr? pensando en Tom y en que no me parec?a correcto visitar su tierra natal sin ?l.
Poco despu?s de volver a casa, me di cuenta de que realmente necesitaba rezar sobre la voluntad de Dios con respecto a mi relaci?n con Tom, as? que comenc? una novena. Ese mismo d?a, Tom me invit? a acompa?arlo a una novena del Rosario de cincuenta y cuatro d?as por una intenci?n particular: 27 d?as para rezar por la intenci?n y 27 d?as para dar gracias. Acept?, pero a?ad? mi segunda intenci?n secreta para nuestra relaci?n.
A los veintisiete d?as de esa novena, Tom y yo est?bamos en un retiro de liderazgo. Tom ayudaba a dirigir el retiro mientras yo serv?a en la cocina. Pas? a escucharle dar una charla y me sorprendi? lo mucho que hab?a crecido. Realmente se estaba convirtiendo en un hombre de Dios. Pens?: «He aqu? un hombre al que podr?a confiarme». Result? que ?l compart?a la misma intenci?n en la Novena. Cuando reanudamos el noviazgo, sent? una paz total porque ambos busc?bamos la voluntad de Dios, as? que no hab?a nada que temer.
Para abreviar la historia, Tom y yo nos comprometimos en la solemnidad de la Asunci?n de Nuestra Se?ora. Tom me dijo que hab?a elegido ese d?a, no s?lo porque amaba a la Virgen, sino porque indicaba la meta del matrimonio que ?l me propon?a: El Cielo. Nos casamos el s?bado de Pascua, o sea, la v?spera del domingo de la Divina Misericordia, y rezamos para que nuestro matrimonio pudiera dar testimonio del poder transformador de la Misericordia de Dios. Dios hab?a tomado el desastre que hab?amos hecho de nuestra relaci?n la primera vez y lo hab?a convertido en algo completamente nuevo.
El matrimonio es un compromiso, una vocaci?n, una uni?n. Cuando hicimos el compromiso de amarnos ante el altar, fue hasta que la muerte nos separe. Aqu? es donde realmente aprendemos sobre el amor. Dios no suele pedirnos que muramos por nuestro c?nyuge, como hizo Jes?s por nosotros: Su Iglesia, pero nos pide que muramos a nosotros mismos perdon?ndonos mutuamente en peque?as maneras cada d?a. El matrimonio tiene que estar basado en el perd?n amoroso. Dios nos perdon? incluso antes de que pidi?ramos perd?n. Nos dijo: «?mense los unos a los otros. As? como yo los he amado». Cuando lo imitamos y perdonamos sin rencor, entonces compartimos el verdadero amor en una relaci?n centrada en Cristo. Esa relaci?n durar? hasta la eternidad.
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En un paseo reciente, mi hija estaba afligida por un mal humor justo cuando hab?amos trepado a una caverna espectacular. Mientras todos nos maravillamos de la belleza natural, ella mantuvo su mirada constantemente hacia abajo, neg?ndose a mirar hacia arriba. Parec?a il?gico negarse a s? misma una sola mirada a la grandeza que nos rodeaba, s?lo mirar la tierra bajo sus pies o sujetar sus manos sobre sus ojos evitando que un vistazo la sacara de su estado de ?nimo.
Al reflexionar, me record? los tiempos en que estoy tan inmerso en las ansiedades y la carga de trabajo de la vida cotidiana que no aprecio los tesoros que Dios ha puesto ante m?: la maravilla de la sonrisa de un ni?o; el calor del sol en una ma?ana de invierno; la comida preparada con amor por mi esposo; o los incre?bles amaneceres y puestas de sol que Dios pinta en el cielo todos los d?as.
?Con qu? frecuencia nos distraemos de nuestras preocupaciones al pasar mucho tiempo frente al televisor? Innumerables variedades de pel?culas, series, programas de televisi?n de personas ordinarias en la realidad, deportes, redes sociales y videojuegos compiten por nuestra atenci?n. Sin embargo, nunca parece haber suficiente tiempo para la oraci?n, las actividades familiares y los deberes en el hogar. A menudo lamentamos que no tenemos tiempo suficiente para interactuar con amigos en la vida real. Sin embargo, incluso nuestro tiempo con amigos o familiares a menudo se centra alrededor de una pantalla, o todos tienen una pantalla en la mano.
Tal vez sea hora de apagar las pantallas, sacar los auriculares, y olvidar las ansiedades y la carga de trabajo por un tiempo mientras fijamos nuestras miradas hacia arriba para abrazar la gloria que el Se?or nos ofrece cada d?a. Demos gracias a Dios e invitemoslo a nuestro compromiso diario con el mundo real que nos rodea.
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