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Oct 20, 2018 473 Mary Penich, USA
Encuentro

ACOGE ESTE MOMENTO CON AMOR

De camino al estudio para comenzar este escrito, me detuve ante la pared donde est?n los retratos de familia por donde paso con frecuencia. en las fotograf?as estaban mis hijos de ni?os y cuando se graduaron de la secundaria y universidad. Me qued? pensando c?mo esos peque?os se hab?an hecho hombres tan r?pido, c?mo hab?a ocurrido que mi hijo mayor, Mike, ya fuera esposo y padre de tres ni?as peque?as, c?mo su hermano menor, Tim, tambi?n se hab?a casado y ahora es un excelente t?o de sus sobrinas.

Segu? mirando las fotograf?as y mi vista se detuvo ante las de mi esposo y mis padres que ya fallecieron. ?No fue apenas la semana pasada que celebraban los cumplea?os de los ni?os con nosotros? Pero no, han pasado muchos a?os desde que nos dejaron. Mi tristeza moment?nea se convirti? en una risita al mirar las fotos de la boda de nuestro hijo en donde est?bamos su pap? y yo, y me di cuenta que mi esposo y yo ya hab?amos rebasado la edad que ten?an nuestros padres cuando nos casamos. ?C?mo sucedi? todo eso? Me volv? a preguntar.

Un refl ejo brillante me distrajo antes de que comenzara a lamentar el paso de los a?os evidenciado por la foto de nuestra boda y las fotos de nosotros como padres de los novios. el rayo de luz se hab?a fi ltrado por la ventana pos?ndose en el ala de uno de los ?ngeles que forman un coro de pewter que tengo en medio de las fotos familiares. Con sus brazos extendidos, este particular ser celestial cuida constantemente a mis seres queridos. Mientras admiraba al ?ngel, sent? como que me llamaba a acercarme un poco m?s. Me acord? que este ?ngel es mi favorito porque lleva una bolsa en donde est?n grabadas en hilera unas palabras de la Madre Teresa de Calcuta: ?No podemos hacer cosas grandes; s?lo cosas peque?as pero con gran amor??

Con esta gran verdad en la mente, fi nalmente sub? las escaleras hacia el estudio. No pude evitar refl exionar la diferencia que hacen unos pocos d?as; de hecho, un solo momento marca toda la diferencia del mundo: en un momento somos reci?n casados; no muchos momentos despu?s ya somos padres de familia; en un momento nuestros hijos entran al k?nder y al siguiente ya est?n saliendo de la universidad.

En un momento buscamos el sabio consejo de nuestra madre, y al siguiente nos estamos sentando al lado de su cama al fi nal de su vida. Unos breves momentos aqu?, otros all? y otros momentos de nuevo aqu?, acaban marcando el tiempo entre nuestro nacimiento y defunci?n, y a lo largo de todo ese tiempo, el signifi cado de cada d?a, de cada hora y cada minuto depender? de lo que elijamos hacer o no hacer con ellos, pues a fi nal de cuentas, como dijo la Madre Teresa, lo esencial no radica en la grandeza o peque?ez de nuestras obras, sino en el amor con que las hacemos.

Y mientras escribo, el signifi cado de cada momento de nuestras vidas se torna claro como el cristal: me doy cuenta de que cada uno de los momentos de mi pasado ?lo bueno y lo malo- hizo posible cada una de las fotograf?as que est?n en la pared. Tambi?n me doy cuenta de lo valioso que es mi futuro lleno de aguas desconocidas, pero lo m?s importante es que me doy cuenta de valor que tiene el momento presente ?el mayor regalo que Dios nos puede dar a cada uno de nosotros- y que requiere de toda mi atenci?n y amor. en este preciso instante puedo elegir hacer o no lo que Dios me est? pidiendo. Las palabras de la Madre Teresa simplemente ponen de relieve el gran desaf?o que nos puso Jes?s hace mucho tiempo.

En todo lo que hizo y dijo, Jes?s sab?a que, a pesar de nuestra peque?ez, podemos lograr mucho si tan s?lo nos esforzamos por hacerlo. en el evangelio de Lucas (9,51-62) vemos a un Jes?s aparentemente endurecido cuando reprendi? a los que mostraron inter?s por seguirlo, pero luego enlistaron todo lo que ten?an hacer antes de seguirlo. Jes?s los reprende porque no hab?an llegado a comprender que para seguir a Jes?s, necesitaban llevar el amor de Dios en cada momento, de tal modo que si enterraban a sus muertos y atend?an sus granjas con el amor de Dios, ya estaban siguiendo a Jes?s. Lo mismo es cierto para nosotros.

Aunque probablemente t? y yo nunca sirvamos a los pobres en las calles de Galilea como lo hizo Jes?s, ni tampoco en las de Calcuta como lo hizo la Madre Teresa, s? podemos servir con mucho amor a los que nos rodean. Quiz?s Jes?s se note impaciente porque sabe el gozo que producen los momentos llenos de amor, y lo ?nico que quiere es que sepamos lo mismo.

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Mary Penich

Mary Penich is a wife, mom, grandma and inspirational writer. After retiring from her career as a reading teacher and administrator, Mary began writing daily reflections at marypenich.com. She and her deacon husband serve at St. Paul the Apostle Parish, Gurnee.

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