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Ago 06, 2019 581 Jenson Joseph, USA
Evangelizar

ACEPTA EL DESAF?O: ?PAGA EL PRECIO!

Mi esposa y yo compramos un maravilloso DVD, ?El gran Milagro?, una pel?cula animada sobre la Santa Misa. En una de las escenas durante el Ofertorio, se muestra que junto a cada una de las personas asistentes se encuentra su ?ngel guardi?n, y cuando comienza el Ofertorio, algunos de los ?ngeles pueden volar hacia el altar para depositar lo que han ofrecido los fieles a quienes cuidan, pero otros se quedan inm?viles con el semblante sumamente triste, porque las personas a su cuidado no ofrecieron oraciones ni nada, y esos ?ngeles no tienen nada que depositar en el altar junto con el pan y el vino. ?Cu?ntas veces he ignorado lo que est? sucediendo en la Misa? Con esta actitud, no le he permitido a Dios encontrarme en la escena m?s poderosa de la historia: la Santa Misa. ?Cu?ntas veces he entristecido a mi ?ngel guardi?n?

El precio

En Samuel 2,24, leemos que Areuna intentaba ofrecer sus seis bueyes al Rey David para que ofreciera un sacrificio, y la rastra y los yugos como le?a, ?y todo eso sin costo alguno! ?l no quer?a recibir ning?n pago del Rey David, pero David le dice: "Gracias, Areuna, pero yo no voy a ofrecer a Yav? algo que no me cueste nada. Por eso, te lo quiero comprar todo."? Mi actitud en la Santa Misa frecuentemente ha sido muy diferente a la de David, quien le hizo una s?plica al Se?or ofreci?ndole un sacrificio que le cost?. Yo voy a la Santa Misa varias veces, pero no ofrezco nada; participo de un sacrificio que no me ha costado nada. ?Qu? podr?a ofrecer que me costara algo? Jes?s me recuerda el sacrificio que hizo en la Cruz, cuando todo el mundo parec?a estar en su contra y lo insultaban y maldec?an; Jes?s sufri? much?simo. Como ser humano, la tentaci?n habr?a sido reaccionar violentamente contra sus perseguidores grit?ndoles con furia, o bien quedarse callado sin decir una sola palabra, pero guardando coraje en el coraz?n. Jes?s no s?lo venci? la tentaci?n, sino que or? a Dios diciendo:
?Padre, perd?nalos porque no saben lo que hacen.?

Aquellas palabras agradaron al Padre porque el Hijo no hab?a participado de un sacrificio que no le costaranada sino antes, al contrario: le cost? absolutamente todo. Siendo inocente, Jes?s decidi? perdonar. Este es el pago que Dios espera que le ofrezca en la Santa Misa: vencer mi rabia, mi frustraci?n y mis heridas en el altar. Necesito ofrecerlo durante el Ofertorio y mi ?ngel guardi?n estallar? de alegr?a. Si ofrezco todo lo negativo que traigo en mi interior, permitir? que Dios me encuentre. En la Misa, me resulta m?s dif?cil ofrecerle a Jes?s todo mi dolor que mi dinero; el verdadero costo ser? ofrecerle mi negativa a perdonar a los que me han herido.

Seguir de cerca
Me convenc? de esto cuando medit? Hechos 7, 54-60, en donde se describe el martirio de San Esteban. En laprofesi?n de fe, proclamamos que Jes?s est? sentado a la derecha de Dios. En el relato del martirio, vemos c?mo San Esteban, lleno del Esp?ritu Santo, se prepara para ser ejecutado. En una visi?n ve la gloria de Dios y al Hijo del Hombre a su derecha. San Esteban, colmado de un amor incondicional a Dios, tiene esa imagen celestial poco antes de morir. ?l ve a Jes?s, el Hijo de Dios, que est? all? parado. Jes?s lo est? animando; quiz?s le est? aplaudiendo alent?ndolo a llegar a la meta final. ?Qu? imagen tan maravillosa! Ser?a factible asumir que los ojos de Jes?s hubieran estado puestos en su amado siervo Esteban, o que ambos se miraran fijamente
a los ojos. En el verso 58 entra en escena un hombre joven, Saul, el perseguidor de la Iglesia, pero qued?monos all? porel momento. En el verso 59, se afirma que mientras apedreaban a Esteban, ?ste exclam?: ?Se?or Jes?s, recibe mi esp?ritu.? ?Hemos escuchado esas palabras antes? El Evangelio de Lucas nos dice que Jes?s pronunci? esas mismas palabras en la Cruz: ?Padre, en tus manos encomiendo mi esp?ritu.? Y Jes?s expir?.

Cuando Esteban dijo: ?Se?or Jes?s, recibe mi esp?ritu,? la Biblia no dice que de inmediato lanz? su ?ltimo suspiro. Esteban, despu?s de tener esa gran visi?n de Jes?s apoy?ndolo, se emocion? de ir al cielo. Jes?s fue crucificado; Esteban fue apedreado. Esteban sigue la f?rmula diciendo: ?Se?or, recibe mi esp?ritu,? sin embargo, su esp?ritu no abandona su cuerpo, sigue vivo. ?Por qu??

M?s de cerca

Aqu? es cuando Esteban mira nuevamente el rostro de Jes?s y comprende realmente la divina misericordia.?Mientras a Esteban le tiran piedras, Jes?s se queda all? alent?ndolo y quiz?s hasta aplaudiendo, pero los ojos del Se?or en realidad no est?n fijos en Esteban sino en Saulo. Esteban se percata de que Jes?s mira a Saulo con una gran compasi?n, sin rencores, enojo, o decepci?n; en el rostro de Jes?s s?lo hay un amor radical. Es cuando Esteban se percata de la gran diferencia que existe entre ?l y Jes?s. A Esteban le urg?a llegar al cielo y por eso dijo, ?Se?or, recibe mi esp?ritu,? pero no hab?a pronunciado la oraci?n que Jes?s hab?a hecho antes de ofrecer Su Esp?ritu: ?Padre, perd?nalos porque no saben lo que hacen.? Esteban se dio cuenta de que
estaba ofreciendo un sacrificio que no le hab?a costado nada. Jes?s es la Divina Misericordia. Tenemos un Salvador que, al exhalar su ?ltimo aliento, mir? con bondad a los mismos que lo crucificaban deseando que estuvieran para siempre con ?l en la eternidad; esa es la naturaleza de la Divina Misericordia. En la sociedad actual, nuestro Salvador misericordioso tambi?n mira compasivamente a los perpetradores de cr?menes y asesinatos con la esperanza de redimirlos. ?Nos molesta esta actitud de Jes?s? San Esteban no se convirti? en santo por haber sido apedreado por su fe en Jes?s. Cuando San Pablo habla sobre el amor, nos dice: ?aunque entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.?

?Est?s listo a pagar el precio?

Cuando San Esteban no muri? como se esperaba y mir? el rostro de la Divina Misericordia, comprendi? el deseo oculto del Sagrado Coraz?n: Jes?s se sent?a dichoso porque Esteban ir?a al cielo, pero se sentir?a m?s dichoso a?n si tambi?n Sa?l, el asesino, fuera al cielo. La Divina Misericordia le extiende una invitaci?n a Esteban: ??Har?as la oraci?n de perd?n que yo hice en la Cruz por toda la humanidad? ?Pedir?as por la conversi?n de las almas que est?n muriendo? ?Interceder?as por los que est?n acabando con tu vida?? Es en ese momento que Esteban comprende el amor insondable de la Divina Misericordia, y suplica sinceramente: ?Se?or, no les tengas en cuenta este pecado,? catapult?ndolo a la meta final del cielo. Al perdonar a los que lo apedreaban, su sacrificio fue agradable a Dios porque le hab?a costado, lo hab?a pagado venciendo su rabia contra los que le mataban, y esa oraci?n fue la que lo santific?. La Biblia dice que despu?s de hacer esa
oraci?n, se qued? dormido.

Pregunt?monos nuevamente: ?nos molesta esta acci?n de Jes?s? ?Nos demuestra menos amor al mirar compasivamente a los que nos persiguen y nos hacen sufrir? No lo creo. Pienso que deber?amos interpretar esta actitud de la Misericordia Divina de la siguiente manera: Para Dios es muy valiosa y agradable la oraci?n de perd?n, de conversi?n y de intercesi?n que ofrecemos por los dem?s. ?l responde a estas oraciones cuando salen del coraz?n porque nos ama a todos, y desea sinceramente que todos estemos con ?l en el cielo. Es muy dif?cil rezar por aquellos que nos persiguen, pero ?podr?amos hacerlo sinceramente para que ellos tambi?n vayan al cielo? Dios puede hacer mucho con lo poco que ofrecemos, y si se lo pedimos, ?l nos ayudar? a interceder de coraz?n por la conversi?n de los pecadores. Esta respuesta a la Divina Misericordia nos ayudar? a alcanzar la meta final de nuestras vidas para encontrarnos con el Salvador en el cielo. Eso es lo
que nos har? santos; eso fue lo que hizo de Esteban un santo. ?Se?or Jes?s, ay?dame para que puedas encontrarme cada vez que vaya a la Santa Misa o cuando haga oraci?n. Ay?dame a renunciar a todo lo negativo que llevo en mi interior. Ay?dame a ofrecer un sacrificio digno y costoso como el que t? ofreciste por m? para que, agradando as? al Padre, pueda recibir todas las gracias de la Eucarist?a y con ello alegrar a mi querido ?ngel guardi?n. Am?n.?

 

 

 

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Jenson Joseph

Jenson Joseph has been part of Shalom Media as a speaker at the Shalom Conferences. He lives with his family in Michigan, USA. Watch his series at shalomworld.org/show/discipleship

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