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Ago 06, 2019 443 Antony Kalapurackal
Contratar

?PRESTA ATENCI?N PARA QUE NO CAIGAS!

Aquella soleada y agradable ma?ana sal? nuevamente como cada d?a rumbo a la Universidad de San Miguel en la India,
renombrada universidad de mi ciudad natal donde estaba estudiando. Poco sab?a que ser?a un d?a inolvidable.
Las clases se interrumpieron abruptamente no mucho despu?s de haber comenzado; el sindicato universitario hab?a
declarado una ?protesta? en respuesta a una decisi?n que hab?a tomado el gobierno estatal. El rector declar? d?a libre
para los estudiantes universitarios. Los estudiantes activistas pol?ticos salieron en bola hacia la calle atravesando los
l?mites del campus universitario, y comenzaron a bloquear el servicio p?blico de transporte.
Mis compa?eros de clases decidieron disfrutar el d?a libre y comenzaron a jugar cricket dentro del ?rea universitaria y
yo me un? a ellos. Fue un acto de desobediencia de mi parte, porque mi padre me hab?a instruido estrictamente salir
de la universidad lo antes posible en caso de una protesta.
Mientras disfrut?bamos del juego, las cosas comenzaron a ponerse peores por todos lados. La protesta se torn?
violenta. Los estudiantes comenzaron a lanzar piedras contra los polic?as y ?stos respond?an a ?macanazos?. Los
estudiantes regresaron al campus y desde all? siguieron lanzando piedras; la polic?a ten?a prohibida la entrada al ?rea
universitaria.
Con el paso del tiempo la situaci?n se fue saliendo de control. Un par de oficiales policiacos ten?an heridas graves.
Finalmente, la polic?a irrumpi? en el ?rea universitaria y los aterrados estudiantes comenzaron a correr por todas
partes. ?No ten?amos otra opci?n m?s que correr! Nosotros nos dirigimos al Seminario del ?Sagrado Coraz?n? cerca de
la universidad, en donde las autoridades intentaron ayudarnos encerr?ndonos en un corredor, pero no fue suficiente.
Nos detuvieron y nos llevaron a la estaci?n de polic?a. Se presentaron cargos y nos llevaron a la corte, y la corte
dictamin? prisi?n preventiva. Nos tom? cuatro d?as presentar una fianza, y dos a?os para que nos absolvieran de
todos los cargos. Durante ese tiempo, tuve que presentarme en la estaci?n de polic?a cada semana para pasar lista, y
en la corte para escuchar audiencias casi una vez al mes.
M?s tarde, cuando comenc? mi camino con el SE?OR, pude f?cilmente relacionar aquel incidente con la manera en
que escuchaba y segu?a al Se?or. Todas las ocasiones en que le hab?a puesto atenci?n, hab?an llovido bendiciones
sobre mi vida; y las veces que no lo hice, fui v?ctima de una gran cantidad de tentaciones en las que finalmente hab?a
ca?do. He aqu? algunas de las lecciones que aprend?:

? La desobediencia siempre trae una etiqueta con precio: Cuando desobedecemos a Dios pagamos un precio
por ello. Al principio quiz?s nos liberemos de serias consecuencias, pero si continuamos desobedeciendo,
invariablemente terminaremos pag?ndolo. En mi caso, no era la primera vez que desobedec?a a mi padre,
pero como no tuve ning?n problema grave, segu? desobedeciendo hasta que termin? pagando un alto precio.

? No se trata de un castigo, sino de consecuencias naturales: ??sino que cada uno es probado por su propia
concupiscencia que le arrastra y le seduce."?(Santiago 1,14). Mi padre jam?s me castig? por desobedecer, sino
que intentaba evitar que me metiera en problemas. Todos los sufrimientos que padec?, fueron consecuencias
naturales de mi desobediencia. Asimismo, cuando desobedezco a Dios, los problemas que enfrento son
consecuencias naturales de mis actos, y no un castigo del cielo.

? La desobediencia lastima a otros: Mi acto de desobediencia no s?lo me caus? sufrimiento a m?, sino a toda mi
familia. Desde el segundo d?a en la prisi?n, me recuper? de la batalla inicial y comenc? a ajustarme a la vida de
la prisi?n. Las autoridades nos hab?an puesto en un solo corredor, y pasados dos d?as nos permitieron jugar
juegos de mesa. Comenzamos a disfrutar la vida de la c?rcel, pero en casa mis padres y mis hermanos sufr?an
profundamente hasta que regres? a casa. De igual manera, cuando nos alejamos de Dios por desobedecerle,
nos adaptamos r?pidamente a nuestra dolorosa y penosa situaci?n, pero el cielo estar? inquieto hasta que
regresemos.
Oraci?n:
?Abba, Padre, deseo obedecerte en todos y cada uno de los momentos de mi vida, pero muchas veces no escucho tus
palabras y fracaso. Estoy muy arrepentido, Se?or, de haberte causado tanto dolor. Te pido que derrames abundantes
gracias sobre m? para que jam?s vuelva a herirte. Am?n.?

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Antony Kalapurackal

Antony Kalapurackal serves in the Editorial Council of Shalom Tidings. Antony lives in Brisbane with his wife Vinita and children Abiel, Ashish, and Lucina.

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