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Nov 17, 2020 361 Sean Booth
Encuentro

La Mejor Navidad mi Vida

?Durante la navidad pasada, Sean Booth recibi? un inesperado regalo de navidad que ha quedado grabado en su memoria para siempre!

He recibido muchas bendiciones durante mi vida, pero el regalo de navidad m?s memorable que he recibido en mi vida tiene que ver con pagarle a una prostituta.

Reuni?n Tentadora

Alrededor de tres a?os atr?s, yo ayudaba en un centro para personas sin hogar en Manchester, Inglaterra, donde compartimos el evangelio con las personas que llegaban all? los domingos para recibir alimentos.? Uno de los hombres que iba era un hombre musulm?n. No estaba sin hogar, pero se un?a a nosotros para tener compa?erismo. En el transcurso de unos meses, logramos un v?nculo estrecho, compartiendo nuestras respectivas creencias. Con frecuencia nuestras conversaciones duraban horas. Conforme se acercaba la navidad, yo le expliqu? el significado tan especial que ten?a la navidad para nosotros los cristianos, y lo invit? a la Misa de medianoche. Acept? la invitaci?n con gusto, ya que nunca antes hab?a estado en una iglesia cat?lica y mucho menos hab?a asistido a Misa.

A la misma vez, estaba de voluntario en un centro cat?lico que le prove?a camas y alimentos a las personas sin hogar que buscaban asilo. Muchos de esos hombres tambi?n eran musulmanes. Por gracia de Dios, estuve en rotaci?n para dormir all? en nochebuena. Estuvimos muy atareados, ya que los sacerdotes estaban ocupados prepar?ndose para celebrar Misa. Mientras compartimos los alimentos esa noche, invit? a los hombres a ir Misa y cinco de ellos aceptaron. Les expliqu? que ten?a que recoger a un amigo antes de Misa.

Despu?s de recoger a mi amigo musulm?n, manejamos hacia el centro de asilo. Cuando ?bamos en camino, vimos a una mujer angustiada que saludaba. Aunque pens? que era una prostituta, di la vuelta y me detuve para asegurarme de que estuviera bien. Cuando baje la ventana, me suplic? que la llevara a la farmacia, ya que los autobuses no estaban circulando y la farmacia cierra a medianoche. Yo acept? llevarla. Mientras manejaba, ella se inclin? hacia adelante y me pregunt? si me gustar?a ?algo de negocios?. Rechac? su oferta y le expliqu? que nosotros cre?amos en Dios y que est?bamos en camino a un servicio de la iglesia. Enseguida la invite a que nos acompa?ara.

Necesitaba Dinero

Ella nos ofreci? una disculpa y dijo que no pod?a ir con nosotros porque ten?a que ?ganar algo de dinero? en las calles. Llegamos a la farmacia a tiempo y ella entr?. Sent? la necesidad de seguirla y preguntarle si pod?a orar por ella. Mientras le preparaban los medicamentos, ella cerr? los ojos y estrech? ambas manos. Oramos, de pie ante el mostrador, tomados de las manos. Fue hermoso. Ella era muy abierta.

Despu?s de que salimos, le volv? a pedir que nos acompa?ara, pero una vez m?s me explic? que no pod?a venir porque necesitaba dinero. En ese momento se me ocurri? algo. Hab?a tra?do dinero para la colecta de la Misa, pero si lo gastaba en traerla a la casa de Dios, todav?a se lo estar?a entregando a la iglesia. Quiz?s eso le podr?a ayudar a abrir su coraz?n y tener un encuentro con Dios en la Misa, donde el cielo y la tierra se unen, mientras que tambi?n la manten?a alejada del mal. Le ofrec? el dinero, explicando que solo durar?a una hora y por lo menos har?a menos fr?o que esperar en las calles. Lo pens? y termin? aceptando. Mi coraz?n se detuvo por un momento y le di gracias a Dios. Llegamos a la iglesia cuando solo faltaban dos minutos para la medianoche y encontramos a los hombres del asilo esper?ndonos en la entrada. Estaba completamente asombrado por la obra de Dios. Antes de que entr?ramos, les pregunt? a todos si pod?amos orar juntos. Le ped? al Se?or que bendijera a cada una de estas personas hermosas para que se sintieran bienvenidos y que la paz de Dios cayera sobre ellos. La mujer me pregunt? si yo era un sacerdote y se sorprendi? cuando me re? y le dije que no.

Llorando como un Bebe

Cuando est?bamos entrando a la iglesia, todo parec?a un sue?o, pens? que me deb?a pellizcar, me sent? tan bendecido. Solo Dios pudo haber planeado esto. Qued? con l?grimas en los ojos, d?ndole gracias a Dios, en completo asombro por su bondad, agradeci?ndole por permitirme estar en su presencia con un nuevo grupo de amigos. El sentimiento de amor y gratitud explotaron en mi coraz?n. No hab?a ning?n otro lugar en el mundo, donde yo hubiera preferido estar.

Durante la distribuci?n de la Santa Comuni?n, les expliqu? que pod?an recibir una bendici?n personal de Cristo a trav?s del sacerdote. La mujer me dijo, ?m?rame, mira la ropa que traigo. La gente me mirar?. Yo no puedo ir?. Le dije que si de verdad eran cristianos no la juzgaran, porque Jes?s nos pidi? no juzgar, para que no seamos juzgados por los pecados de los que nos avergonzamos. Les dije que Jes?s vino por los pecadores, los marginados y los que est?n al borde de la sociedad. Incluso defendi? a una mujer que fue encontrada cometiendo adulterio. (Juan 8:1-11). A menudo com?a con los publicanos y las prostitutas. Le asegur? que ella era digna y bienvenida.

Mi amigo musulm?n escuch? todo y reconoci? que era cierto. Le dije que la mirada de Dios era la ?nica mirada por la cual ella se deb?a preocupar. Ella se levant? y fue a recibir la bendici?n llorando como un bebe. Si tan solo cada persona fuera a recibir una bendici?n o la Santa Comuni?n consciente de su propia indignidad y quebrantamiento como esta hermosa hija de Dios, tendr?amos una iglesia muy diferente.

Una vez un sacerdote me dijo en la confesi?n: ?La Iglesia no es un club exclusivamente para santos, sino un hospital para los pecadores?. San Pablo tambi?n nos recuerda que ?todos han pecado y est?n privados de la gloria de Dios? (Romanos 3:23). ?Todos nosotros! Cuando volvimos a nuestros asientos, ella llor? de nuevo. Los hombres del asilo y el hombre musulm?n tambi?n fueron a recibir la bendici?n de Cristo, a trav?s del sacerdote. Mientras contemplaba la realidad de la verdadera presencia de Jes?s en la Santa Comuni?n, pude orar con un amor m?s fuerte por mis compa?eros.

El Regalo m?s Grande

Al concluir la Misa, el sacerdote nos dese? una feliz navidad a todos antes de la bendici?n final. En el estilo cat?lico t?pico y reservado, no hubo mucha respuesta, aparte de una persona, mi amiga, que respondi?: «Y una muy feliz Navidad para usted tambi?n Padre». Al instante, me vino una sonrisa enorme y mis entra?as se iluminaron. El sacerdote, casi sorprendido, sonri? y le dio las gracias. Cuando la gente volte? para ver qui?n hab?a hablado, ella dijo: ‘?Bueno, ?l nos lo dijo!’. Nadie podr?a negar decir Am?n a eso.

Al comienzo mencion? que este hab?a sido el regalo de navidad m?s memorable que jam?s haya recibido, y que gran bendici?n, privilegio y honor fue estar con esas hermosas personas esa noche. Sin embargo, nada se puede comparar con el primer y m?s grande regalo que el mundo entero recibi? hace m?s de 2000 a?os, en esa primera Navidad, cuando Dios mismo se encarn? para convertirse en un beb? indefenso; cuando la Luz naci? en nuestras tinieblas y el mundo cambi? para siempre.

Este es el verdadero mensaje de navidad: darle la bienvenida a Dios en nuestra vida, por primera vez o una vez m?s. Esta es la verdadera entrega y recepci?n. Permitirle que nazca dentro de nosotros, darle la bienvenida con gozo, amor y asombro. ?l se entrega a nosotros en cada momento de cada d?a. Debemos escuchar como los pastores que fueron invitados a ir y ver. Despu?s de su encuentro con Jes?s, se marcharon ?glorificando y alabando a Dios por lo que hab?an visto y o?do? (Lucas 2:20). Tambi?n debemos ser como ?ngeles, mensajeros de Dios, invitando y dirigiendo a otras personas a que descubran a Jes?s por s? mismos.

?El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz? (Isa?as 9:2). Esta Navidad, ?dar?s testimonio de esta Luz a los que est?n en los lugares m?s oscuros? ?Los solitarios, los deprimidos, los oprimidos, los rechazados, los abatidos, los olvidados, los perdidos, los abandonados, los enfermos, los que no tienen techo, los prisioneros, los ancianos, los hu?rfanos y las viudas? Puede que no tengas que mirar muy lejos. Podr?an ser miembros de su propio hogar o tu familia. Podr?a ser tan simple como recordarlos en tus oraciones. ?O saldr?s esta Navidad para compartir personalmente el mayor regalo que alguien podr?a desear recibir: el regalo de Jesucristo? Haz de esta tu Navidad m?s memorable para otras personas, as? como para ti mismo.

?Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Se?or Jes?s: ?Hay m?s dicha en dar que en recibir??. Hechos 20:35

Recordemos al mundo que la navidad se trata de Cristo.

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Sean Booth

Sean Booth is a Lay Missionary of Charity and has just begun studying a Bachelor of Divinity theology degree at Maryvale Institute in Birmingham, England, UK. He shares his incredible encounter with Jesus through the Shalom World TV program ?Jesus My Savior?. To watch the amazing story. visit: https://shalomworld.org/episode/a-prisoner-finds-jesus-seanbooth.

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